En uno de los confines más remotos del Atlántico Sur, a apenas 1.500 kilómetros de las Islas Malvinas, se esconde Fortuna Bay, un paraíso glacial en las Islas Georgias del Sur que sirve de refugio a una de las colonias de pingüinos rey más imponentes y accesibles del planeta, con más de 12.000 individuos durante la temporada alta.
Un escenario natural e histórico único
Esta bahía de 6 kilómetros de extensión debe su nombre al ballenero noruego-argentino “Fortuna”, pero su leyenda está indisolublemente ligada a Sir Ernest Shackleton. El 20 de mayo de 1916, tras una épica travesía, Shackleton y dos compañeros alcanzaron las crestas sobre la bahía durante su desesperada misión de rescate. El sonido del silbato de la estación ballenera de Stromness, que escucharon desde allí, significó el primer contacto con la civilización tras dieciocho meses de aislamiento en la Antártida.
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La joya de la bahía: la colonia de pingüinos rey
El corazón de Fortuna Bay late al ritmo de su colonia de pingüinos rey. Unas 4.000 parejas reproductoras anidan en una vasta llanura glacial, ofreciendo un espectáculo de vida salvaje sin igual. Los adultos regresan del mar, los polluelos se agrupan en “guarderías” y el constante ir y venir de estas aves majestuosas define el paisaje.
La colonia no está sola. Cerca de la costa, una activa colonia de pingüinos gentoo —reconocibles por su pico naranja— traza senderos entre el mar y sus nidos de piedra.
Un santuario de biodiversidad extrema
La bahía es un microcosmos de vida silvestre subantártica:
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Elefantes marinos del sur: Machos de hasta 4.000 kg defienden sus territorios en playas que albergan una de las mayores concentraciones de esta especie.
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Focas peleteras antárticas: Un éxito de conservación, ya que repoblaron las playas tras estar al borde de la extinción en el siglo XIX.
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Aves únicas: En los acantilados anidan albatros de manto claro, mientras que en los arroyos glaciares se ve al pato South Georgia pintail, una subespecie endémica de la isla.
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Paisaje glaciar y el legado del explorador
El entorno está dominado por el glaciar König y los picos irregulares de Breakwind Ridge. La llanura está cubierta por pastizales de tussok, que pueden superar los dos metros de altura, formando un laberinto natural.
Los visitantes más aventureros pueden recorrer el histórico sendero de Shackleton, un trekking de 6 kilómetros y 3-4 horas que une Fortuna Bay con la antigua estación ballenera de Stromness, atravesando el lago Crean.
Un viaje al corazón salvaje del Atlántico Sur
Fortuna Bay resume la esencia de las Georgias del Sur: fauna abrumadora, paisajes glaciares dramáticos y una historia humana de supervivencia y exploración. Es un destino donde la naturaleza gobierna en un equilibrio extraordinario y remoto, tal como lo experimentó Shackleton, para quien el sonido del rescate fue “la música más dulce” jamás escuchada.
