En un mundo atravesado por notificaciones constantes, redes sociales y disponibilidad permanente, cada vez más personas comienzan a cuestionar el lugar que ocupa el smartphone en su vida cotidiana. Entre ellas está la escritora y empresaria argentina Nicole Marcuzzi, quien decidió dar un paso poco común y dejar el teléfono inteligente como dispositivo central para volver a un celular básico, con el objetivo de recuperar presencia, creatividad y tiempo fuera de la pantalla.
Durante años, Marcuzzi, creadora de Human Creative House, vivió hiperconectada. El celular funcionaba como herramienta laboral, medio de comunicación y también como espacio de validación constante. Sin embargo, según relató a la revista OHLALÁ!, una conversación inesperada con su ahijada de diez años encendió la alarma. Mientras la nena le contaba sus hobbies (coleccionar figuritas, tocar la guitarra y aprender japonés), la escritora tomó conciencia de que ella no tenía actividades propias fuera del mundo digital. “Yo no solo no tenía hobbies, sino que toda mi vida pasaba online, siempre vinculada al trabajo y a algo productivo”, recordó.
Ese contraste la llevó a replantearse cuánto tiempo estaba realmente presente en su vida cotidiana. A partir de entonces comenzó un proceso gradual de observación sobre su relación con la tecnología. Marcuzzi detectó que el uso constante del smartphone afectaba sus vínculos familiares y sexoafectivos, limitando conversaciones profundas y espacios de descubrimiento personal. “Todo sucedía en el mundo online y yo estaba enchufada al teléfono”, explicó en la entrevista con OHLALÁ!.
El impacto también se reflejó en su creatividad, en un momento clave de su carrera como escritora, tras publicar su primera novela, estaba trabajando en dos nuevos proyectos. Le tomó seis meses decidirse a cambiar su dinámica digital. “No se trataba solo de cambiar de dispositivo, sino de reorganizar mi vida, avisar a mi entorno y redefinir mi disponibilidad”, señaló.
Cómo es la vida de Nicole Marcuzzi sin smartphone
Hoy, el smartphone dejó de ser su herramienta principal y pasó a ocupar el lugar que antes tenía la computadora, se conecta por períodos acotados y luego se desconecta. “Es como cuando tenía 14 años y me conectaba un ratito al Messenger”, comparó. El resultado, asegura, se percibe en conversaciones más ricas, vínculos más nutridos y una creatividad en expansión.
El cambio también implicó recuperar actividades presenciales como clases de canto y pintura, yoga, formación en guión y trabajo voluntario en una fundación que acompaña a familias de niños con cáncer. “Son espacios donde no tengo que ser mi mejor versión. Estoy ahí, en el aquí y ahora”, afirmó.
En el proceso, Marcuzzi empezó a reflexionar sobre el peso del algoritmo en la construcción de deseos y decisiones personales. “Muchas de mis elecciones estaban motivadas por lo que veía online: qué tenía que querer, comprar o cómo tenía que verme”, explicó. Alejarse del estímulo constante le permitió reconectar con lo que realmente le hace bien a su sistema nervioso.
Lejos de demonizar la tecnología, la escritora propone un enfoque equilibrado, usar el teléfono como herramienta y no como centro de la vida. “No podemos estar disponibles para todo el mundo todo el tiempo”, sostuvo. Desde su empresa también promueve experiencias offline, como clubes de lectura sin celulares y encuentros sociales presenciales orientados a fomentar vínculos reales.
Aunque su experimento continúa, las conclusiones preliminares son claras. “Cuanto más tiempo paso fuera de la pantalla, mejor me siento. Hay disfrute por fuera del celular”, afirmó a OHLALÁ!.
