Qué es ser una "familia codependiente" y cómo afecta a la educación de los hijos

Un informe del Dr. Walter Ghedin analiza cómo las relaciones codependientes y las separaciones conflictivas terminan afectando emocionalmente a los hijos y naturalizando dinámicas de violencia familiar.

19 de mayo, 2026 | 10.08

“Tu mamá es una mala persona”, “tu papá no se ocupa de ustedes”, “decile que me pase plata”, “contame con quién estuvo”. En muchas separaciones conflictivas, los hijos quedan atrapados en una guerra emocional que no eligieron. Y detrás de ese escenario, especialistas advierten sobre un fenómeno silencioso pero cada vez más visible llamado codependencia afectiva.

El psiquiatra y sexólogo Walter Ghedin define la codependencia como un vínculo donde el amor deja de ser el centro y pasa a dominar la necesidad obsesiva del otro. Aunque la pareja esté separada, el conflicto continúa. Hay provocaciones, control, celos, discusiones permanentes y una imposibilidad de tomar distancia emocional.

La separación no alcanza para cortar el vínculo. Siguen necesitándose desde el conflicto”, explica Ghedin en su informe Codependencia e hijos en medio del conflicto. En este tipo de relaciones, las discusiones rara vez se elaboran racionalmente. Uno provoca y el otro responde. La dinámica se convierte en una escalada constante donde importa más tener razón o lastimar que resolver.

Según Ghedin, las parejas saludables logran equilibrar dos aspectos fundamentales: el vínculo y la individualidad. Es decir, pueden compartir proyectos y afecto sin perder la autonomía personal. En cambio, en las relaciones codependientes domina el llamado “apego ansioso”: una necesidad extrema de control y validación. La persona siente que nunca recibe suficiente amor, atención o presencia. Aparecen entonces reclamos constantes y sospechas permanentes.

“No es suficiente el tiempo que está conmigo”, “si no me cuenta todo, seguro me oculta algo”, “cuando está con otros es simpático y conmigo no”, son algunas de las frases típicas que enumera el especialista.

Cuando aparecen nuevas parejas

Uno de los momentos más explosivos ocurre después de la separación, especialmente cuando alguno rehace su vida amorosa. Allí la necesidad de seguir ocupando un lugar en la vida del ex puede intensificarse. Las redes sociales, los hijos y hasta los gastos cotidianos se convierten en campos de batalla.  “Lo importante para el codependiente es seguir estando presente en la vida del otro”, señala Ghedin.

En el medio quedan los chicos, muchas veces usados como mensajeros, espías involuntarios o receptores del resentimiento adulto.

Los hijos absorben todo

Uno de los puntos más preocupantes del informe es el impacto psicológico que estas dinámicas tienen sobre niños y adolescentes. Los especialistas remarcan que los chicos no son espectadores pasivos. Perciben gritos, insultos, manipulaciones y tensiones aún cuando los adultos crean que “no entienden”.

“La percepción infantil está abierta a todo lo que sucede alrededor”, sostiene Ghedin.

“La percepción infantil está abierta a todo lo que sucede alrededor”, sostiene Ghedin. Y agrega que naturalizar escenas violentas o degradantes termina condicionando la forma en que esos niños entenderán los vínculos en el futuro. En muchos casos, además, aparece lo que algunos profesionales denominan “bullying familiar”, manipulación emocional, descalificaciones, amenazas o utilización de los hijos para dañar al otro progenitor.

Las cifras en Argentina muestran la magnitud del problema. Según datos de la Oficina de Violencia Doméstica de la Corte Suprema, durante 2024 hubo 3.182 presentaciones con niños y adolescentes afectados por situaciones de violencia doméstica. El 95% de los casos incluyó maltrato psicológico o emocional. Además, en el 80% de las denuncias los agresores eran los propios padres o madres de los chicos.

Solo en el primer trimestre de 2025 se registraron 958 niños y adolescentes afectados por violencia doméstica, un promedio de 11 casos por día. Aunque muchas veces se asocia la violencia familiar únicamente con golpes o agresiones físicas, los especialistas advierten que la violencia emocional suele ser la más frecuente y también una de las más difíciles de detectar.

Humillar al otro delante de los hijos, hablar mal del ex permanentemente, manipular afectivamente o poner a los chicos “de un lado” son conductas que dejan marcas profundas. La propia OVD detectó maltrato psicológico en más del 90% de las denuncias vinculadas a niños y adolescentes.

Desde organismos internacionales como UNICEF también alertan sobre el impacto de la violencia en la crianza. Datos difundidos en Argentina indican que el 59% de niñas y niños de entre 1 y 14 años sufrió prácticas violentas de crianza y más de la mitad padeció agresiones psicológicas.

¿Se puede salir de la codependencia?

Los especialistas coinciden en que sí, aunque requiere un trabajo profundo de autoconocimiento y, muchas veces, ayuda terapéutica. El gran desafío es aceptar que la pareja no vino a llenar vacíos personales ni a resolver inseguridades emocionales. También implica aprender a separarse sin convertir a los hijos en rehenes emocionales.