La esperada llegada de lluvias a la región de Chubut, afectada por los masivos incendios forestales hace más de un mes, trajo un alivio menor y frustrante para los equipos de combate. Durante la jornada del pasado lunes, la precipitación fue insuficiente y se vio opacada por la persistencia del viento fuerte, que mantuvo condiciones complejas y limitó severamente el uso de los medios aéreos.
Más de 550 brigadistas continúan la batalla contra un fuego que ya ha devorado más de 47 mil hectáreas de bosques nativos, implantados y campos productivos.
El secretario de Medio Ambiente de la provincia patagónica, Juan José Rivera, lo resumió con crudeza: “La precipitación fue insuficiente, sobre todo porque se mantuvo el viento fuerte”. Este factor climático no solo alimenta las llamas, sino que obstaculizó las tareas de los 20 medios aéreos disponibles, cuyas descargas de agua son cruciales en terrenos de difícil acceso. Las ráfagas, que podrían alcanzar los 70 kilómetros por hora según los pronósticos, mantienen en vilo la estrategia de contención.
Un operativo descomunal en condiciones límite
Pese a las adversidades, el operativo de combate es sostenido y de una escala descomunal. “Tenemos brigadistas de todo el país, coordinados con el sistema provincial de incendios y la Agencia Federal de Emergencias. Es un operativo descomunal, que tiene como objetivo detener el avance del fuego”, aseguró Rivera. El leve descenso de la temperatura permitió que las brigadas pudieran ingresar a zonas "calientes" que el domingo eran inaccesibles debido a las llamas y el humo, las cuales incluso obligaron a cortar rutas de la zona.
Los esfuerzos se concentran en dos frentes principales: el incendio dentro del Parque Nacional Los Alerces y el que afecta territorio provincial en el sector de Villa Lago Rivadavia. En esta última zona, la falta de propagación aérea del lunes permitió a los equipos trabajar con herramientas manuales y equipos de agua, logrando un avance significativo en la protección de bienes.
Brigadistas y bomberos voluntarios lograron defender exitosamente dos viviendas de la Eco Aldea, evitando que fueran consumidas.
"Perdí todo lo que tenía"
Detrás de las cifras de hectáreas quemadas hay historias de pérdida total. Aníbal Huentecura, un poblador de Cholila, narró con desolación el impacto personal del desastre: “Perdí todo lo que tenía, los pocos animales que pastaban en el campo familiar de 2 hectáreas e incluso el vehículo con el que realizábamos trabajos en la zona”.
Huentecura se refugió en casa de familiares en Esquel y describió su lugar de vida como un panorama de “desolación, tizne y carbón”.
Los daños materiales son cuantiosos y diversos. Además de la vegetación, el fuego ha destruido galpones, viviendas, vehículos y ha causado pérdidas millonarias en sectores productivos. Un dato que ofrece un tenue alivio es que -actualmente- el incendio avanza hacia zonas despobladas, por lo que no hay bienes particulares en riesgo inmediato, permitiendo concentrar los esfuerzos en la contención perimetral.
Avances tácticos y pronóstico incierto
En medio de la complejidad, se reportan algunos avances tácticos. En las zonas de Villa Lago Rivadavia, Simón Marchand y Villarino no se registraron reactivaciones significativas. En el área del Morro, los brigadistas, apoyados por autobombas de Bomberos Voluntarios de Esquel y maquinaria privada, trabajaron en la construcción de líneas cortafuegos y realizaron tareas de enfriamiento para consolidar los flancos contenidos.
La mirada está puesta ahora en el pronóstico para la jornada del martes. Las autoridades mantienen un optimismo cauteloso, ya que se anticipan nuevas lluvias que podrían mantener bajas las temperaturas. Sin embargo, la amenaza del viento fuerte persiste.
