Imposible saber quién acuñó el término “cientificidio” al advertir que el presidente electo en 2023 efectivamente estaba llevando a los hechos las promesas expresadas a lo largo de su campaña en canales de televisión y otros foros públicos: “¿El Conicet? ¡Afuera!”. Pero a juzgar por el panorama que describe el último informe de evolución de empleo en ciencia que realizó el Grupo Economía, Política y Ciencia del Centro Iberoamericano de Investigación en Ciencia,Tecnología e Innovación (EPC-CIICTI), está haciendo realidad algo que a esta altura de la historia hubiera resultado impensable: está destruyendo el sistema científico nacional, una gema tallada a lo largo de décadas y, en muchos aspectos, considerada un ejemplo de calidad en la región.
De acuerdo con este nuevo informe, entre diciembre de 2023 y el mismo mes de 2025, se perdieron 5.750 puestos de trabajo científico, lo que equivale a 7,5 por día: 5.004 corresponden a organismos de ciencia y tecnología dependientes de la Administración Pública Nacional, y 746 a empresas. Más del 40% de esa pérdida se dio en el Conicet, pero procesos similares ocurrieron (y siguen haciéndolo) en el INTI, el INTA y otros pilares para nuestro desarrollo científico-tecnológico. También se identificó “una significativa y continua caída en el empleo registrado en NA-SA, la operadora de las centrales nucleares, en la Fábrica Argentina de Aviones (Fadea, la primera de América Latina, fundada un 10 de octubre de 1927), Arsat (empresa nacional de telecomunicaciones creada por el Estado Argentino el 22 de mayo de 2006 para brindar conectividad mayorista y que desarrolló, con Invap, dos satélites de comunicaciones), Veng (compañía de servicios y desarrollos tecnológicos de alto valor agregado que estaba desarrollando un lanzador espacial) y Dioxitek (dedicada a la producción de dióxido de uranio y otros insumos esenciales para la generación de energía nuclear que abastece nuestras centrales y produce materiales para aplicaciones médicas e industriales).
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En el Conicet, columna vertebral del sistema, se perdieron en este tiempo 2.088 cargos: “Setecientos ochenta y dos corresponden a personas de la Carrera del Investigador Científico (CIC, investigadores), del Personal de Apoyo (CPA) y administrativos, y 1306, a becarios –precisa Jorge Aliaga, integrante del directorio del organismo en representación de las universidades–. Fundamentalmente, porque las becas se terminan y hoy se dan menos becas que hace tres o cinco años (que es cuando se otorgaron las que se terminan ahora)”. La ciencia local se está quedando sin su semillero, la fuerza que mueve la rueda de producción de cientos de grupos en todo el país.
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En términos relativos el mayor ajuste se dio en la Agencia I+D+i (-41,3%) y en la Secretaría de Innovación, Ciencia y Tecnología (ex Ministerio, -41,3%), seguidas por el Banco Nacional de Datos Genéticos (-34,0%), el Instituto Nacional del Agua (31,7%) y el INTI (25,7%). Empresas como FADEA, Dioxitek, VENG y ARSAT, que perdieron entre el 25% y el 15% de su planta de personal, detalla el trabajo.
Lo peor es que por ahora no se ve la luz al final del túnel. “Esta tendencia se va a profundizar –opina Rodrigo Quiroga, doctor en ciencias químicas, profesor de Bioinformática en la Universidad Nacional de Córdoba e investigador del Conicet–. El anuncio oficial de que no se van a pagar los proyectos de investigación científica y tecnológica ya evaluados (PICT 2022) y de que no van a existir las convocatorias 2023, 24, 25 ni 26, por más que ya lo anticipábamos, fue un golpe importante. En el mejor de los casos, estamos hablando de gente que, la mayoría, carece de financiamiento hace dos o tres años. Y suponiendo que Milei no gane las próximas elecciones, que cambie el gobierno y vuelva a poner un programa de financiamiento de proyectos como los PICT, la convocatoria se abriría y se evaluaría durante 2028, y probablemente se empezaría a pagar a mediados o fines de 2029 o en 2030. Son muchísimos años sin recursos, ningún grupo puede soportar eso”.
Precisamente hace un par de días, Quiroga publicó en la red social X un análisis de la evolución de los salarios de investigadores y becarios del Conicet, que perdieron alrededor de un 40% de su valor adquisitivo. Allí muestra que las becas doctorales de la Agencia I+D+i están congeladas desde 2024. Según sus estimaciones. Los investigadores asistentes ya llegaron al millón de pesos perdidos por mes. Los hospitales nacionales están en la misma situación, salvo el Garrahan, que logró un aumento, pero cuyos delegados gremiales fueron dejados cesantes.
“Se está yendo gente ultra inteligente y en cuya formación invertimos como país durante años –afirma Quiroga–. En el Conicet, en particular, muchos aún no renunciaron, pero pidieron licencia sin goce de sueldo y en este contexto están planificando no volver. La situación es dramática y las perspectivas futuras son muy malas. Nadie quiere ser becario doctoral con estas retribuciones y sin ver un futuro en la carrera científica. Y lo mismo pasa con los que hoy están finalizando su doctorado: la gran mayoría está planificando irse afuera o pasar al sector privado. Nos va a quedar un hueco muy complicado entre generaciones, sobre todo en algunas áreas. Hay grupos que van a desaparecer. La gran mayoría de los laboratorios experimentales están semi o completamente paralizados. Para mí, no hay dudas de que vamos a tener una merma cada vez mayor asociada con las [casi nulas] expectativas salariales y de financiamiento, y con los continuos ataques del gobierno en general y del presidente en particular. Con esa cantinela de que las ciencias sociales no sirven para nada, con lo que obviamente estoy en desacuerdo, no solo desfinancian las humanidades sino toda la ciencia local. De hecho, entre los que conozco, los más afectados son los que hacen biología molecular y celular, inmunología, física experimental. Incluso nosotros, que no pensábamos irnos, estamos empezando a considerarlo, porque uno no ve cómo puede seguir avanzando en la carrera científica si no va a tener financiamiento, con suerte, hasta dentro de cuatro años”.
El informe argumenta que este profundo ajuste se basa en la idea de que el sistema se encuentra ‘sobre-expandido’, algo que desmiente categóricamente cualquier comparación internacional. Mientras en la Argentina solo tres personas cada mil habitantes de la población económicamente activa se dedica a actividades científicas, en países desarrollados ese número ronda los 10 por cada 1000. Si a esto se suma el ahogo presupuestario y la ausencia de inversión privada en actividades de I+D, la situación es de catástrofe.
“El gobierno de Milei lleva adelante una tarea sistemática de destrucción del sistema científico y tecnológico y su consecuencia más grave es la expulsión de más de 5000 recursos humanos altamente calificados –afirma Roberto Salvarezza, ex presidente del Conicet y ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Nación, actualmente Presidente del Directorio de la Comisión de Investigaciones Científicas de la Provincia de Buenos Aires–. La Argentina llegó a contar con tres investigadores cada mil habitantes de Población Económicamente Activa. Los países que admira Milei triplican o cuadruplican esta relación. En un mundo donde el conocimiento y la tecnología son la llave del crecimiento socioeconómico, el gobierno desmantela su sistema de ciencia. Desde la provincia de Buenos Aires, seguimos trabajando para sostener la actividad científica en un contexto de ajuste sin precedente”.
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Por su parte, Adriana Serquís, ex presidenta de la Comisión Nacional de Energía Atómica y actual diputada nacional por Río Negro, detalla que en el sector nuclear se registraron “alrededor de 700 bajas”. “Más allá de la Comisión Nacional de Energía Atómica, en Nucleoeléctrica Argentina (NA-SA), en Dioxitek, e incluso en la Autoridad Regulatoria Nuclear –subraya–. Estos números son alarmantes, porque dan cuenta de la destrucción de políticas de Estado que se habían sostenido durante décadas y ahora estamos viendo no solo que se pierde el personal, sino que se disuelven los grupos de trabajo que hacen posible la continuidad para seguir creciendo en estos conocimientos indispensables si queremos un país que se desarrolle sobre la base del agregado de conocimiento y no solamente primarizado”.
Y agrega: “Es dramático que muchos de los proyectos tecnológicos que nos llevaban a esa soberanía tan ansiada, que nos permitían pensar en un modelo de país con un desarrollo basado en estos conocimientos que se fueron generando durante años corran el riesgo de desaparecer. Para la gente joven, implica la pérdida de aquello por lo que se esforzaron a lo largo de cinco o diez años. Lamentablemente, la tendencia sigue, no solo porque hubo muchísimo maltrato, también porque muchos de los que no eran parte de la planta permanente empezaron a recibir contratos que se renovaban cada tres meses, algo que empezó a pasar también en la Comisión Nacional de Energía Atómica. Y por esa visión que quisieron instalar de que la ciencia no sirve, que el equilibrio fiscal, medido en apuestas financieras, está por encima de las actividades productivas o el desarrollo de conocimiento. Aquellos que dedicamos nuestra vida a las tareas de investigación y desarrollo sabemos cuánta pasión se pone en estas actividades, y cuando ves que todo eso que fuiste construyendo se derrumba, desalienta. Hay organismos en los cuales ni siquiera se echa a la gente, simplemente renuncian y se van”.
En el informe de EPC que se dio a conocer en diciembre de 2025, ya se había anticipado que los recortes en el sistema científico llegaban hasta el 80% en algunos organismos y que los despidos superaban los 5000. A esto se podría agregar que se transformó la estructura de institutos, se dejaron directorios sin nombrar, se vendieron o regalaron terrenos y edificios que les pertenecían, y se derogaron o suspendieron instrumentos que habían sido acordados por todo el arco político. La Agencia de Promoción, que era el corazón que bombeaba financiación a grupos de investigación de todo el país mediante un proceso de evaluación transparente y jerarquizado, fue prácticamente desguazada.
Mientras tanto, el presupuesto previsto para 2026 no anticipa ninguna mejora. Por el contrario, los analistas prevén que el sistema científico tendrá una caída de entre 7 y 8 puntos reales, y lo mismo con los salarios.
