Karina no se llama así. Pide anonimato porque tiene miedo. Trabaja en la construcción, estudia, tiene 3 hijos a cargo, tuvo un problema de salud, no llegaba con el sueldo y acudió a un prestamista en el barrio popular donde vive. Su caso no figura en las estadísticas que indican que 1 de cada 4 personas que tiene una deuda bancaria o con una billetera virtual no puede pagarla, situación que involucra al menos a 6 millones de argentinos. Los datos de morosidad con tarjetas, bancos y aplicaciones, más que alarmantes, son los que están en el sistema. Karina, que no se llama así y tiene miedo, no tiene tarjeta ni pide préstamos virtuales: le debe a un usurero, a un matón que entró a su casa a reclamarle 1.500.000 pesos cuando ella pidió prestados 200.000, que amenaza a sus hijos. Su caso, como el de muchos otros, no queda en ninguna base de datos. El récord histórico de morosidad registrado es apenas la punta del iceberg.
Los bancos y las billeteras virtuales tienen distintas estrategias de marketing para ofrecer préstamos; los usureros también. “Primero te dicen que te pueden dar una mano y después quedás atrapado en una red de la que no podés salir”, cuenta Karina. “Te proponen una ayuda, te invitan a una reunión. Te preguntan con cuanto dinero contás. Con la desesperación de no llegar a fin de mes, de no poder darle de comer a los hijos, la primera vez accedés. Pedis 2 y devolvés 4. Te van envolviendo hasta que te pasas de la fecha y te apretan. Se te meten a tu casa, te amenazan a tus hijos, y si no se pueden llevar nada te plantan un palo y te dice que esa mitad de la casa es suya. Ya hay gente que perdió su casa”, relata.
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Karina (el nombre es ficticio, la referencia evidente) trabaja y estudia. Es albañila, sale a las 4.20 de la mañana y a veces, cuando tiene que cursar en la universidad, llega casi a medianoche. “Un día mi hija me llama que se metió un tipo adentro buscando a la dueña de la casa. Le dijo que nos daba hasta las 18 y sino venía y se llevaba cosas. Son usureros amenazadores”, cuenta.
“Con mi sueldo no llegaba, tengo un tema de salud por el que necesitaba plata —relata Karina—. La primera vez pedí 200.000 pesos y tenía que devolver 400.000. Y ahora vino un tipo y dijo que le debemos 1.500.000. Un laburante como yo no puede devolverlo ni en cuotas. No te congelan el número, le siguen sumando intereses”. Ella gana 350.000 a la semana, 70.000 el jornal de obrera, labura de lunes a viernes. “No tengo tarjeta de crédito. Hay veces que ganamos 70.000 en el día y gastamos 90.000 entre el viaje, la comida, y que no se enferme ninguna criatura”. Y remata: “Es imposible para mí. Nunca le voy a terminar de pagar. Hay gente que le pide a otro prestamista y empieza un círculo que no puede controlar. Es una moneda corriente en los barrios populares”.
La historia de Karina no es un caso aislado. Matías Colombatti documentó varios en un informe para Gelatina. Les preguntó, aparte de la deuda, qué sentían. “Preocupación, tristeza, porque yo no la saqué para una fiesta, la saqué porque necesitaba acomodarme”, dijo una joven. “Me genera mucha angustia, depresión”, contó otro.
Las estadísticas no los registran, pero son cada vez más.
Morosos registrados
Nunca hubo tanta gente que no pueda pagar sus deudas. Los datos son oficiales, surgen del Banco Central y los analizan centros de estudio que tienen diversas corrientes económicas, pero coinciden en trabajar sobre números reales. El consumo por las nubes, el aumento del trabajo, los 12, 13, 14 o 15 millones de personas (según la ocasión) que salen de la pobreza y el TMAP lo dejan para el ministro de Economía Luis Caputo y al presidente Javier Milei.
El punto de inflexión es diciembre de 2024, al año del gobierno de Milei. Parece que los ahorros previos alcanzaron hasta ahí. El colchón que quedaba de los años anteriores se esfumó y desde entonces van más de 15 meses consecutivos de crecimiento de la morosidad. Y no solo crece: la velocidad es exponencial.
En diciembre de 2024 la tasa de morosos bancarios era de 2,6%, hoy trepó al 12,3%. Casi se quintuplicó. En el caso de los que no pueden pagar las deudas con las billeteras virtuales, es peor. Pasó de cerca del 10% al 30%, el triple. Ni en la pandemia hubo estos niveles de morosidad.
El Instituto Argentina Grande (IAG) calcula que el 27,3% de las personas que tienen deudas no las pueden pagar. Más de 1 cada 4. Son casi 6 millones de personas y cada día el número crece. Y esto, vale repetir, es lo que entra en la estadística. El Banco Central no registra la usura barrial.
También es un problema para los bancos. El IAG detalla que, en personas, de cada 100 hay 27 que no pueden pagar; pero si se cuenta en dinero, de cada 100 pesos que tienen que cobrar los bancos hay 16 que no cobran. El porcentaje baja, pero es alarmante e impacta en los balances de los bancos, cuyo negocio es prestar plata para recuperarla con intereses. Un 16% de la plata que prestan no vuelve. Y en las billeteras virtuales la cifra empeora.
Los deudores se califican del 1 al 5 según la situación de pago. La 1 es un atraso pequeño, la 2, 3 y 4 mayores; la 5 son deudores irrecuperables. Este último escalafón, los morosos irrecuperables, ya alcanza a casi 3,5 millones de personas. Hace un año eran la mitad.
Si se mira por sector económico, la conclusión es que los pobres son los que más problemas tienen para pagar deudas pequeñas. El IAG detalla que “la morosidad llega al 35% entre quienes deben menos de $200.000” y baja al 23% entre los que tienen deudas de más de 9 millones. Todos se atrasan, pero en los que necesitan menos dinero mucho más.
En el detalle por edad, el IAG detalla: “entre las personas de 15 a 24 años la tasa de morosidad ronda el 36,9%. Esto tiene sentido cuando se lo piensa a la luz de otros indicadores: el desempleo en estos grupos etarios es más alto que en el resto de la población y la tasa de actividad en este mismo grupo viene cayendo”. Todo se encadena: los jóvenes no consiguen trabajo, se endeudan y son los que menos pueden pagar sus deudas.
En la morosidad sí hay federalismo: pasa en todas las provincias, con algunas más complicadas que otras. En La Rioja llega al 23,7%; Catamarca al 20,6%; Santa Cruz al 20,7%; San Juan al 20,3%. En provincia de Buenos Aires es del 19,5%. “Incluso en las provincias donde creció el empleo registrado y está creciendo la actividad (como Neuquén) la morosidad de las personas aumenta: la crisis es aguda”, destacan desde el IAG.
El combo es letal: caída de salarios, aumento de las tasas de interés y, como consecuencia, millones no pueden pagar sus deudas. Los suicidios se convirtieron en la principal causa de muerte violenta del país; las deudas impagables explican muchos de ellos.
En una amena conversación en la TV Pública, el ministro Caputo dijo: “La gente se endeudó a tasas muy altas pensando que, como siempre, el dólar se iba a disparar y eso no pasó”. El timbero solo ve timberos. Cree que millones de argentinos se endeudaron para comprar dólares cuando lo hacen para comprar comida. O no lo cree, no le importa.
“El aumento de la morosidad de las familias argentinas no puede leerse como un fenómeno aislado ni como una sumatoria de decisiones individuales fallidas, como quiso plantear el Ministro de Economía”, señalan Candelaria Rueda y Violeta Carrera Pereyra, investigadoras del IAG. “Antes que nada -agregan-, el pico de la tasa de morosidad es la consecuencia de una crisis de ingresos”.
Tarjetear la comida
“Uso la tarjeta para comer y pesa a fin de mes”; “uso la tarjeta para comprar alimentos”; “antes se usaban las tarjetas para comprar electrodomésticos, ahora para ir al supermercado”; “jamás había tenido que usar la tarjeta para comer”. Las frases se escuchan en los informes callejeros de Chiara Detinis en El Destape. Y son recurrentes.
La secuencia es la siguiente: ningún salario recuperó lo que valía cuando asumió Milei. Como el salario no alcanza, usan la tarjeta de crédito para gastos corrientes, como comprar comida. Al mes siguiente, el salario de nuevo no alcanza y se suma el gasto en la tarjeta de crédito, la deuda. Para pagar esa deuda, toman otra deuda en una billetera virtual. Cubren la tarjeta del primer mes. Al segundo mes el salario sigue sin alcanzar, usó de nuevo la tarjeta de crédito para comprar comida y tiene ahora deuda con el banco y con la billetera virtual que le prestó para pagar el mes anterior de la tarjeta. Se abren opciones: el pretamista, el familiar, el narco. O dejar de pagar.
Las investigadoras del IAG Rueda y Carrera Pereyra afirman que “el gobierno intenta presentar la morosidad como un problema entre privados, pero tiene responsabilidad directa en los dos factores que la explican: la caída de los salarios y la suba de las tasas de interés durante el período en que más creció el crédito al sector privado”.
Es así. Consultado por el vocero paraoficial Luis Majul sobre el “dato preocupante” del récord de morosidad, el ministro Caputo dijo que “hay que desmitificarlo”. Agregó que “en la mayoría de los países del mundo la gente vive con deuda, lo que pasa es que las honran”. Y remató: “a los que les tiene que preocupar es a los bancos. Nosotros creamos las condiciones macro, no me voy a meter en cada banco a ver si otorgaron bien los créditos”. Nunca explica porqué coincide que los argentinos dejaron de pagar sus deudas y su gestión económica. Antes las pagaban, ahora no.
La misma semana, Diego Rivas, el CEO del Banco Galicia, dijo que los bancos tienen que adaptar sus estándares crediticios, pero, en una entrevista con Maximiliano Montenegro, aclaró: “Lo que le terminó sucediendo a los individuos es que fueron perdiendo poder adquisitivo, salario de bolsillo. En algunos casos los salarios replicaron inflación, pero tuvo efectos en el bolsillo más grandes que eso. La gente perdió entre el 20 y el 30% de los ingresos reales. Dejeron de pagar el crédito bancario pero también muchas otras cosas. La situación es más compleja”. La crisis es de ingresos.
Empresas endeudadas
La consultora 1816, muy ligada al sector financiero, también llamó la atención sobre el endeudamiento e incluyó en su gráfico a las empresas. El dato: cada día hay más empresas que no pueden afrontar sus deudas. En este momento son el 3,3% de las que tienen deudas bancarias, cifra similar a la de la pandemia. Pero sin pandemia, con Milei y Caputo.
Eso es el promedio. El IAG publicó un informe detallado donde consta que el 13% de las empresas endeudadas no pagan a tiempo. Coincide con ese 3% de empresas con morosidad bancaria y señala que hace un año era del 0,9%, o sea, un tercio. La morosidad de empresas no para de crecer.
“Hoy 21.218 empresas están en situación de pago 5, esto es el 7,5% del total de las empresas deudoras. En un año creció un 63% la cantidad de empresas que están en esta situación”, indica el IAG.
Cuando se mira por sector, coincide con los más golpeados por el plan económico de Milei y Caputo. Sector más perjudicado es la Construcción, donde la tasa es del 6,1%. El Comercio tiene un 5% de morosidad, la industria un 3,5%. Solo se salvan los bancos y las empresas de servicios públicos.
Otra vez, el federalismo: no hay provincia que no tenga empresas endeudadas que no pueden pagar. Algunas ya llegan a dos cifras, como La Rioja con el 14% y Santiago del Estado con el 11,8%. Mendoza tiene un 7,4% de empresas con problemas, Chubut arriba de 9%.
Hay salida
Para el gobierno de Milei y Caputo todo esto es un problema entre privados. Pero por abajo hay movimiento.
Hay proyectos presentados en el Congreso para intervenir en esta crisis. Uno presentado por Natalia Zaracho, Itai Hagman y Germán Martínez, entre otros, propone un Régimen Esencial para el Desendeudamiento de las Familias, la declaración de emergencia por dos años, con el objetivo de generar un marco de reestructuración de las deudas y un fideicomiso que pueda actuar para sostener la situación. En la legislatura bonaerense la diputada Ana Luz Balor presentó un proyecto de protección para las familias desendeudadas que ya tiene el apoyo del gobernador Axel Kicillof.
Los bancos públicos identificaron esta situación. El Banco Provincia presentó “Ponete al día”, que bajó las tasas para refinanciar deudas familiares con plazos de hasta 72 meses e interés anual entre el 31 y el 50%, y ya lo aplicó a 66.000 créditos. El Banco Nación armó un plan también de 72 meses para refinanciar deudas y de 60 meses en el caso de tarjetas. Los bancos privados ofrecen planes similares, pero a medida, no tan generales.
Desde el IAG las investigadoras Rueda y Carrera Pereyra detallan cómo enfrentó el mismo problema Brasil. “El esquema original creó una plataforma estatal a la que accedían deudores, acreedores y bancos: el Estado no ponía la plata, sino que oficiaba de coordinador y de garante. Para el tramo de deudores más vulnerables (con ingresos de hasta dos salarios mínimos o inscriptos en el registro de programas sociales), montó una subasta electrónica en la que los acreedores competían ofreciendo el mayor descuento sobre la deuda, y permitía que el deudor tomara un crédito nuevo (incluso con un banco que no era su acreedor original) para cancelar todo y quedar con una sola cuota”, dice el informe.
“La pieza clave era el Fondo de Garantía de Operaciones (FGO), que cubría el riesgo de incobrabilidad de los bancos que "compraban" la deuda morosa: les brindaba garantía y seguridad a los bancos para hacer este tipo de operaciones. EL FGO se financia con plata del Tesoro Nacional, pero ya existía, se creó para cubrir el riesgo de los créditos a micro y pequeñas empresas”, completa el informe del IAG.
Rueda y Carrera Pereyra afirman: “Ese punto es central, porque es exactamente lo contrario de lo que ofrecen los planes privados argentinos. Mientras acá los bancos apuntan a los que recién se atrasan y dejan afuera a los 'irrecuperables', el Desenrola fue diseñado para incluir las deudas más viejas y deterioradas (las registradas como morosas hasta fines de 2022): la garantía estatal existía justamente para que los acreedores se animaran a tomar esa cartera. Además, obligaba a los bancos grandes a borrar de los registros las deudas de hasta 100 reales —el segmento de montos chicos que, como en la Argentina, concentra buena parte del problema— y a sacar a la persona del registro de morosos apenas pagaba la primera cuota, devolviéndola rápido al mercado de crédito”.
“¿Es pensable algo similar para la Argentina?”, se preguntan en el IAG. “Hoy —contestan— el total adeudado en situación irregular (sumando el sistema bancario y el no bancario) asciende a $14 billones. Pero ese número esconde una distribución muy desigual: la mitad de los morosos, los que menos deben, concentran en conjunto apenas $700.000 millones. Solo el Aporte Solidario y Extraordinario recaudó en 2021 unos $3 billones a precios de hoy; y en 2024, la baja de la alícuota de Bienes Personales en el marco del blanqueo implicó resignar otros $1,9 billones, también a precios de hoy. Cualquiera de esas dos magnitudes alcanzaría para constituir un fondo de garantía como el brasileño, que oficie de garante de los deudores "irrecuperables" (situación 5) en planes de reperfilamiento de su deuda; un fondo que, además, podría acotarse a un universo todavía menor si se cruzan los ingresos registrados de esas personas para focalizar el beneficio.”
La crisis es inédita, pero no es personal. No sos vos, es Caputo.
