Regar las plantas con leche es un antiguo truco que muchos jardineros implementan para ver mejoras en su jardín. En las últimas semanas, esta práctica se viralizó en las redes sociales.
Especialmente en TikTok, abundan los consejos de jardinería que prometen resultados sorprendentes con ingredientes que cualquiera tiene en casa. Entre los más repetidos, aparecen dos clásicos: regar las plantas con leche o agregar azúcar al agua para estimular el crecimiento.
¿Sirve regar las plantas con leche o con agua y azúcar?
Estos trucos no dejan de ser caseros, pero tienen su lógica. La leche aporta calcio, un mineral esencial para las plantas, y en situaciones muy específicas puede tener algún efecto beneficioso.
Existen ensayos caseros en los que leche descremada, muy diluida, aplicada de forma foliar, mostró cierto efecto preventivo frente a hongos. También es cierto que el calcio cumple un rol clave en el desarrollo celular y puede prevenir problemas como la podredumbre apical en cultivos puntuales cuando el suelo es deficitario.
Esto no significa que haya que regar las plantas con leche todos los días. Al ser un producto orgánico complejo, su degradación en el sustrato favorece malos olores, atrae insectos y roedores, y puede estimular el crecimiento de bacterias y hongos perjudiciales para las raíces.
Además, el exceso de calcio puede bloquear la absorción de otros nutrientes esenciales y desequilibrar el suelo. En las hojas, los residuos grasos que deja la leche al evaporarse pueden obstruir los estomas, interfiriendo con la respiración de la planta.
Por otro lado, en macetas con drenaje deficiente, el agregado de líquidos orgánicos puede compactar el sustrato y reducir la oxigenación radicular. Es por esto que los especialistas aconsejan usar la leche como un fertilizante, no como un reemplazo para el riego normal con agua.
El mito del agua con azúcar
Por otro lado, la idea de que el azúcar “les da energía” a las plantas se basa en una confusión frecuente. Las plantas fabrican sus propios azúcares a través de la fotosíntesis, un proceso que depende de la luz, el dióxido de carbono y el agua.
Ese sistema no puede reemplazarse desde el riego. Cuando se agrega azúcar al suelo, las raíces no la absorben de forma eficiente. Por el contrario, el exceso de azúcares puede alterar el equilibrio osmótico y provocar que la planta pierda agua en lugar de absorberla, generando estrés hídrico.
Además, el azúcar actúa como alimento para microorganismos indeseados, que consumen oxígeno, compiten por nutrientes y aumentan el riesgo de enfermedades.
Pruebas simples muestran que las semillas regadas con agua azucarada germinan peor y que el crecimiento puede verse ralentizado. Incluso se sabe que concentraciones altas de azúcar pueden interferir con procesos hormonales y retrasar la floración.
Lo que sí funciona
Aunque los trucos virales prometan soluciones rápidas, el crecimiento saludable de una planta sigue dependiendo de lo básico: un sustrato adecuado, riego correcto, buena luz y fertilizantes formulados para cada especie.
La leche como fertilizante para las plantas es correcto, pero en cantidades y frecuencias muy limitadas y controladas. El azúcar, directamente, no cumple ninguna función positiva en el riego.
