Comida "como en casa" y prestigio de Guía Michelín: el bodegón de Chacarita con precios económicos

Ubicado en el corazón de Chacarita y con un dueño reconocido por la Guía Michelín, abrió un bodegón que reivindica la comida de hogar y los precios económicos.

12 de febrero, 2026 | 16.35

En una esquina estratégica de Chacarita, en Charlone 999, casi Avenida Forest, Olla 7 se convirtió en uno de los bodegones más comentados de la escena gastronómica porteña. Con una propuesta que combina tradición y técnica contemporánea, el restaurante abrió sus puertas en 2025 y rápidamente logró instalarse como una referencia del barrio gracias a su cocina sabrosa, porciones generosas y una relación precio-calidad destacada.

Ubicado en una zona que en los últimos años se transformó en polo gastronómico, Olla 7 funciona principalmente al mediodía -de jueves a domingo- y suma servicio nocturno los sábados. El ambiente es descontracturado, con espíritu de bodegón clásico: mesas cómodas, vajilla sencilla, servicio cercano y una carta que apuesta por platos reconocibles, pero ejecutados con un cuidado que los eleva por encima del promedio.

Los mejores platos de la casa

La carta rescata clásicos porteños y los trabaja con materia prima de calidad y técnica precisa. Entre las entradas más celebradas aparece la tortilla de papas, jugosa y bien dorada, ideal para compartir. También se destacan las croquetas de mejillones, crocantes por fuera y cremosas por dentro, y la lengua a la vinagreta, un guiño directo al recetario tradicional de bodegón. La ensalada rusa, fresca y equilibrada, completa el capítulo inicial.

Entre los principales, la gran protagonista es la milanesa de bife de chorizo: gruesa, tierna y servida con papas fritas o puré. Es uno de los platos más pedidos y resume la identidad del lugar: contundente, sabroso y sin artificios innecesarios. También sobresalen los tortelloni caseros rellenos de seso y verdura con manteca al limón, una propuesta que combina tradición italiana y técnica refinada.

Las rabas fritas, tiernas y bien ejecutadas, y el pollo a las aceitunas completan una oferta que equilibra clásicos infalibles con toques distintivos. Una mención aparte merecen las papas fritas -heredadas conceptualmente del restaurante hermano Ácido- que logran una textura crocante por fuera y suave por dentro, convirtiéndose en una especialidad en sí misma.

La relación precio-calidad es uno de los puntos más valorados por los comensales y por la prensa gastronómica, que destacó el equilibrio entre tradición, técnica y accesibilidad. Un dato no menor es que el equipo detrás del proyecto fue reconocido por la Guía Michelin en otra de sus propuestas gastronómicas. El restaurante Ácido -que comparte espíritu y equipo- recibió la distinción Bib Gourmand, que premia la excelente relación precio-calidad.