En una esquina estratégica de Chacarita, en Charlone 999, casi Avenida Forest, Olla 7 se convirtió en uno de los bodegones más comentados de la escena gastronómica porteña. Con una propuesta que combina tradición y técnica contemporánea, el restaurante abrió sus puertas en 2025 y rápidamente logró instalarse como una referencia del barrio gracias a su cocina sabrosa, porciones generosas y una relación precio-calidad destacada.
Ubicado en una zona que en los últimos años se transformó en polo gastronómico, Olla 7 funciona principalmente al mediodía -de jueves a domingo- y suma servicio nocturno los sábados. El ambiente es descontracturado, con espíritu de bodegón clásico: mesas cómodas, vajilla sencilla, servicio cercano y una carta que apuesta por platos reconocibles, pero ejecutados con un cuidado que los eleva por encima del promedio.
MÁS INFO
Los mejores platos de la casa
La carta rescata clásicos porteños y los trabaja con materia prima de calidad y técnica precisa. Entre las entradas más celebradas aparece la tortilla de papas, jugosa y bien dorada, ideal para compartir. También se destacan las croquetas de mejillones, crocantes por fuera y cremosas por dentro, y la lengua a la vinagreta, un guiño directo al recetario tradicional de bodegón. La ensalada rusa, fresca y equilibrada, completa el capítulo inicial.
Entre los principales, la gran protagonista es la milanesa de bife de chorizo: gruesa, tierna y servida con papas fritas o puré. Es uno de los platos más pedidos y resume la identidad del lugar: contundente, sabroso y sin artificios innecesarios. También sobresalen los tortelloni caseros rellenos de seso y verdura con manteca al limón, una propuesta que combina tradición italiana y técnica refinada.
Las rabas fritas, tiernas y bien ejecutadas, y el pollo a las aceitunas completan una oferta que equilibra clásicos infalibles con toques distintivos. Una mención aparte merecen las papas fritas -heredadas conceptualmente del restaurante hermano Ácido- que logran una textura crocante por fuera y suave por dentro, convirtiéndose en una especialidad en sí misma.
La relación precio-calidad es uno de los puntos más valorados por los comensales y por la prensa gastronómica, que destacó el equilibrio entre tradición, técnica y accesibilidad. Un dato no menor es que el equipo detrás del proyecto fue reconocido por la Guía Michelin en otra de sus propuestas gastronómicas. El restaurante Ácido -que comparte espíritu y equipo- recibió la distinción Bib Gourmand, que premia la excelente relación precio-calidad.
