Apenas terminada la dictadura, cuando en las radios sólo se escuchaban canciones en español, la versión de un poema de Mario Benedetti cantado por Juan Carlos Baglietto, Nito Mestre y Celeste Carballo juntos hacía estremecer a los corazones lastimados por los años de muerte y desaparición que todavía proyectaban su sombra. “Si cada hora vino con su muerte /Si el tiempo era una cueva de ladrones/ Los aires ya no son tan Buenos Aires/ La vida es nada más que un blanco móvil/ Usted/ Preguntará ¿por qué cantamos?” decían los primeros versos.
A lo largo de las estrofas seguían respuestas y otros diagnósticos lúgubres, la derrota, el cansancio, la crueldad, la impunidad. Y la atroz esperanza que no deja de empujar. Así es el poema, un arco que tensa la flecha del dolor a la reparación, de la pérdida a la memoria, de la muerte a la vida que se impone –“porque en aquel tallo aquel fruto”-. La flecha es el canto, el pecho vibrante de aire y desafío porque cantar es en sí mismo no rendirse –el canto nunca es de rodillas, fraseaba Mercedes Sosa en otra canción hermosa y cruda de Alfredo Zitarrosa.
¿Por qué se marcha el 7f -hoy, sábado, a las 17-, qué es eso de una marcha del orgullo antifascista y antirracista? Le preguntaron a Susy Shock estos días, la poeta y cantante travesti que polemizó en una de las lunas de Cosquín después de estar en el escenario con Luciana Jury porque cuestionó la presencia de Javier Milei en el Festival. “Marchamos porque como dijo el poeta, nuestras muertas quieren que marchemos”, lanzó sin dudar, con la voz retumbando en su pecho y su memoria.
Y cómo no, si la marcha será en el aniversario diez de la muerte de Lohana Berkins, la travesti que defendió esa categoría contra cualquiera otra más digerible porque hablaba de la precariedad de la vida en este sur donde cuando ella salía a la calle a romper su documento porque no la nombraba tampoco se hablaba de “género”. No, no era transgénero. Era travesti, expulsada de su casa, empobrecida como todas a puro desprecio. Lohana se hizo una vida con otras travestis y otras compañeras y compañeros, se mataba de risa cuando relataba las aventuras en la calle repartiendo preservativos con monjitas que se daban a la tarea de amparar a las chicas que estaban paradas en las esquinas de Flores o Constitución.
Lohana, la que se hizo mariposa en este mundo de gusanos capitalistas. La que peleó por el aborto aunque no atravesara su cuerpo porque sabía del valor de la autonomía sobre ese escaso y a la vez frondoso territorio del cuerpo. Lohana quiere que marchemos, dice Susy. Como quieren todas las asesinadas, las despreciadas, las llamadas de tantas maneras menos por su nombre propio ahora que la violencia volvió a levantar tierra como un viento zonda y se cobra vidas y heridas y miedo todos los días.
La cuerda de la vida de Lohana, de la expulsión al camino que dejó abierto para tantas, es también la cuerda tensa de la democracia que ahora parece a punto de cortarse de tanto que tira de ella la ultra derecha en el poder y la derecha cada vez más mimetizada -Jorge Macri fue el primero que festejó esa distópica Oficina de la Verdad. Qué paradoja que haya sido Milei el presidente cuando se cumplieron 40 años del fin de la dictadura y que “crueldad” haya sido el sayo que mejor les quedaba a sus acciones. Una crueldad que sigue desplegándose, que se festeja como revancha cuando se coarta un derecho, cuando se dispara contra manifestantes, una crueldad que se defiende como si fuera una medicina que hay que aplicar para que “los argentinos de bien” puedan vivir tranquilos. Se festeja la caza de migrantes que sigue creciendo, se exhibe en las redes con planos detalles a las manos esposadas y también a los rostros sufrientes. Otra vez se golpea en la calle, sin pudor, a gays, lesbianas y travestis en nombre de la moral cristiana, esos valores que el presidente reivindica, igual que la dictadura, pero que no valen para los ricos, la única verdadera minoría del mundo, que puede comprar una isla para abusar de niñas o hacer rituales de muerte sencillamente porque pueden. Pero Milei reivindica haber dicho pedófilos a las personas lgbtiiqnb+ a través de una página que difundió el Ministerio de justicia https://culturamilei.com/ . Es fácil saber lo que hoy haría Lohana, estaría en la calle, en la Marcha del Orgullo Antifascista Antirracista. Con el orgullo de amañar el cansancio de tener que empezar de nuevo, pero en la denuncia, haciendo lo que sea, resistiendo.
“¿Por qué hablan de fascismo? Esto es otra cosa” se escucha y se lee en las redes, y no, no es el fascismo de Mussolini, no es ningún fascismo del siglo XX, no es la dictadura militar a la que sobrevivimos. Pero sí utilizan estrategias fascistas: la deshumanización, el descarte por diferentes vías de algunos chivos expiatorios: se dispara a las y los militantes a la cara, se dispara en los barrios vulnerados de frente o por la espalda sin razón a personas pobres como pasó en diciembre con Juan Gabriel Gonzales y Víctor Vargas, porque la policía puede, porque se ve amparada por el poder político, te dicen que hay terroristas en el sur que le prenden fuego a la Patagonia pero son pueblos originarios que la defienden. Y mientras algunes se ríen de que desde el Estado se hable de “pseudo mapuches” el mismo estado no apaga el fuego. Crear chivos expiatorios es bien fascista, porque disemina el odio en una sociedad agotada y es ese odio y ese agotamiento lo que hace posible la política de exterminio por goteo de jubilados y jubilados que mueren con sueldos de hambre, de niños y niñas a los que se apunta como delincuentes, de la vida en común. La dictadura lo hizo, el “algo habrán hecho” cerró demasiados ojos frente al genocidio. Costó abrir esos ojos de nuevo pero la impunidad de los crímenes de lesa humanidad se quebró. Ahora este gobierno reivindica la dictadura, le resulta muy útil a sus políticas fascistas. Así que sí, antifascista antirracista, así se llama la marcha.
“Es así/ la vida del obrero es así” cantaba Viejas Locas en el tema Homero, dedicado al padre del Pity, el músico que lleva en el cuerpo como esquirlas esa rutina sin fin de un padre cansado hasta la extenuación. Es una canción preciosa en la que se ve el barrio y ninguna salida, sólo la repetición. ¿Es así, para los pobres nada y para los ricos todo? ¿Si naciste pobre ahí te quedás mientras que si naciste rico podés ser un depredador de cuerpos y territorios mientras se levantan acá y en el mundo occidental las banderas de la familia y el fetiche de la propiedad privada? Parte de lo que quieren que el pueblo se crea con sus discursos de modernización laboral que no tiene nada de moderno. Dormirse con el cansancio haciendo doler los huesos, levantarse para que los huesos se muelan otra vez en el trabajo, en los trabajos, todos los que hacen falta para parar la olla, para cuidar a les pibis y a las personas mayores; eso no es vida. Por eso esta marcha que empieza a las cuatro de la tarde en Saenz Peña y Avenida de Mayo es también contra esa Reforma Laboral que parece un tren sin freno de la política. Y demanda que no se toque la ley de glaciares, que no se trate a las infancias como un compás de espera hacia la picadora de carne, como un momento de selección entre los que podrán adaptarse y los que no, y que se los trague la cárcel.
Vivir no es durar, decía la poeta Violeta Parra aunque la cita no sea exacta; vivir implica hacer un destino común, no resignarse al que toca que nos quiere aislades, cada quien en su metro cuadrado, abrazado a la tabla que pueda, creyendo que si le da la mano a alguien perderá la línea de flotación. Pero la consigna de “Acá no sobra nadie” que es parte de las consignas de la Marcha del Orgullo Antifascista Antirracista, es una apuesta a no soltarse la mano. Nadie le suelta la mano a nadie, se pintaba en las paredes de Brasil para salir del fascismo bolsonarista. El fascismo de esta era, el que protagonizan los supuestos nuevos líderes de la crueldad, exageran su exhibición de poder y por eso las represiones aparatosas para unos pocos jubilados y jubiladas, por ejemplo. Nos hacen creer que no se puede hacer nada. Pero se puede, como se puede en Estados Unidos para no soltarle la mano a les migrantes latinos y como se puede en tantas partes de mundo ¿o no se enfrentaron las mujeres al régimen cruel en Irán que les disparaba por exhibir un mechón de pelo? Tenemos que hacer algo y hoy es una oportunidad, transversal, con muchas demandas, con el lazo social en el centro como esa cinta dorada que puede devolvernos ese sueño democrático del que este país sea para todos y todas, con educación, con comida rica, vacaciones pagas, con quienes somos y con todos los que quieran habitar el suelo argentino, tal como dice la constitución.
Entonces, marchemos hoy contra la amenaza del fascismo, contra el racismo que es estructural y también nos habita. Marchemos con las manos tendidas. Porque los y las sobrevivientes y nuestros muertos quieren que marchemos.
