Frente al miedo, sostener la escuela: la respuesta institucional en disputa

Terigi planteó la necesidad de una respuesta institucional que exceda los protocolos, con foco en sostener a los estudiantes dentro del sistema educativo. La escuela como espacio de contención frente a discursos punitivos. También pidió fortalecer políticas educativas sin profundizar la exclusión.

26 de abril, 2026 | 00.05

Ante las amenazas de tiroteo en escuelas, la Provincia de Buenos Aires apuesta a una respuesta institucional que combine protocolos, acompañamiento y políticas educativas para sostener a los estudiantes en las aulas. La ministra de Educación, Flavia Terigi aborda la complejidad del conflicto en busca de respuestas que se construyen entre todos los sectores.

Cinco millones de alumnos, 450 000 docentes, 80 000 auxiliares, 19 000 unidades de servicio, la provincia de Buenos Aires es el tercer sistema educativo, por sus dimensiones, de América Latina. Y para su ministra, Flavia Terigi -rectora con licencia de la Universidad Nacional de General Sarmiento y reconocida académica en cuestiones educativas- “tiene un montón de cosas recontra valiosas”.

La educación sexual integral, las políticas de memoria, la transformación del sistema educativo en uno más flexible y participativo para acompañar las distintas trayectorias estudiantiles son algunos de los puntos a favor que Terigi enumera aun a sabiendas de que el contexto social, cultural y político es hostil, que la perspectiva de derechos se ha convertido en “adoctrinamiento”. Es en ese marco en que sucedieron las de cientos de denuncias que se esparcieron por todo el país sobre pintadas que amenazaban con tiroteos en las escuelas secundarias.

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¿Cómo encontrar respuestas institucionales que entiendan tanto el miedo como la necesidad de seguir sosteniendo las escuelas abiertas? ¿Qué más, además de protocolos de intervención, pueden ofrecer las escuelas y más en la provincia de Buenos Aires que, como dice la ministra “tiene mala prensa”? A sabiendas de que puede recibir agresiones -porque lo sufre cotidianamente- por cada cosa que diga a favor de dejar de ver a pibes y pibas como delincuentes, a favor de valorar el laboratorio de encuentro y lazo social que es la escuela, Flavia Terigi se mete en la complejidad que implica la respuesta institucional a una violencia que es el aire que respiramos y que ahora es visible a gran escala dentro de las escuelas. 

-La primera respuesta que hubo desde las instituciones fueron protocolos, además de respuestas más punitivas todavía, como cobrar a padres y madres los operativos en las escuelas...

Mirá, los protocolos son orientaciones muy precisas para cuando estás en el medio de la urgencia. Pero después la diferencia está en qué tipo de trabajo proponés con los chicos, con las chicas, en las escuelas. En este episodio, que está generando mucho sufrimiento -porque genera inquietud y es razonable que la gente se alarme-, yo creo que hay que distinguir tres tipos de situaciones.

Por un lado, las formas de violencia interpersonal que vemos hace tiempo en las escuelas, entre estudiantes o a veces entre familias y autoridades. Eso no amerita los protocolos que difundimos, salvo que haya riesgo directo para una persona.

Después está lo que está pasando con estas amenazas, que hasta ahora podemos pensar como un enganche rápido de chicos y chicas en un reto viral. Y hay una tercera cuestión, distinta, que sí se vincula con lo que pasó en la escuela de Santa Fe: la existencia de comunidades virtuales que celebran una violencia planificada, organizada.

-Llama la atención la velocidad de propagación. Se habló mucho de un reto viral de TikTok, pero no circula como otros.

Claro. Escribir en los baños de la escuela siempre existió. En ese sentido, si fuera un reto, es un reto muy realizable. El problema es el contenido. Y nos sorprendió la sincronización prácticamente a nivel país. En la provincia, hasta ayer, en 130 de los 135 distritos había denuncias. Es muchísimo. Y eso te pone en alerta hasta que entendés que tiene una escala, una masividad, que es otra cosa.

No es lo mismo que una amenaza individual del tipo que vimos en Santa Fe. Yo no quiero minimizar lo que está pasando porque de verdad hubo hace unas semanas una muerte en una escuela argentina. Pero sí quiero decir que no es todo lo mismo. Es fundamental separar estos episodios bien distintos.

-¿Los allanamientos que se vienen difundiendo tienen que ver con esa investigación que se abrió a partir del hecho en Santa Fe o con las pintadas? Porque ahí se arma una confusión peligrosa.

Sí, totalmente. Y además hay que entender que acá intervienen distintas áreas del Estado. Está Educación, que interviene con una lógica particular, está Seguridad, y están las fiscalías. Y no son homogéneas las actuaciones en todo el territorio. Hay lugares donde la fiscalía trabaja con cuidado, y otros donde se generan situaciones más públicas. Y eso, sumado a la circulación en medios que, por ejemplo, dan a conocer material de nuestro ministerio pidiendo no viralizar las amenazas con imágenes de las amenazas. Esto puso muy rápido el tema en el plano penal. El tema es que no se puede descartar que alguna situación sea grave. Ahora, 600 pintadas, no. 600 es otra cosa.

Ahí se ve la complejidad del abordaje institucional.

Pensá que el martes de la semana pasada tuvimos una reunión con todos los inspectores distritales de la provincia, presencial, la teníamos planificada por otros motivos, pero sumamos al Ministerio de Seguridad para exponer lo que se había difundido sobre esta True Crime Comunity, un informe del Ministerio Público Fiscal que nos parecía que estaba bueno que lo conociéramos de manera interdisciplinaria.

Ese día tuvimos, llegada la noche, seis amenazas pintadas en diferentes escuelas. El viernes ya eran 450 en nuestra provincia y un acumulado de 600 en todo el país.

-También aparecieron respuestas de los propios estudiantes.

Sí, y eso me parece muy interesante de resaltar porque es parte del sistema educativo de provincia la voz de los centros de estudiantes que empezaron a intervenir: hicieron afiches, jornadas, incluso canciones con inteligencia artificial que podrían ser un éxito de rock (se ríe).

Hemos visto también videos en redes sociales, algunas respuestas que podrían ser leídas como bucólicas pero que son muy claras como ponerse a limpiar las amenazas y dejar otro mensaje que decía, en lenguaje coloquial: “Dejemos de joder con esto, a la escuela no tenemos por qué venir con miedo”. Son intervenciones muy positivas, muy esperanzadoras. Muestran que hay formas de tramitar estas situaciones desde adentro.

¿Leés este emergente como un llamado de atención de las adolescencias?

Están pasando muchas cosas con los chicos y las chicas. Hay una demanda muy fuerte de salud mental, que ellos mismos nombran así. La hubo hacia el gobernador al final de la pandemia y se ha expresado ahora también.

A la vez, hay un mundo en el que viven que los adultos entendemos poco. Antes, simplificando, sabíamos un poco más de lo que hacían. Hoy hay una parte de la realidad que ni las familias ni los educadores conocemos del todo. Y ahí hay una soledad. Están frente a cosas que creen que pueden manejar -que llegan por los teléfonos y las pantallas-, pero que son muy complejas.

Y con mucho estímulo a la individualidad.

Totalmente. A la idea de que se puede lograr todo sin esfuerzo, de que el esfuerzo es medio de “gil”. Y además, los adultos asumimos algo valioso, que es respetar la intimidad, pero a veces eso implica dejarlos muy solos. Entonces, bueno, si no conocemos ese mundo, hagamos el esfuerzo de conocerlo juntes. Porque no sólo se trata de estas comunidades que alientan la violencia si no también porque he estado en reuniones con chicos sobre el juego de apuestas en línea y las operaciones financieras a las que acceden.

¿El informe del Ministerio Público Fiscal menciona a la comunidad de incels (célibes involuntarios, jóvenes que se reconocen así)?

Menciona estas comunidades, pero es bastante general. Sí identifica grupos de chicos, en su mayoría varones, que estudian masacres en escuelas y espacios públicos y que están ligados por distintos sufrimientos. Algo que antes asociábamos a otros países. No aparece, por ejemplo, el tema del consumo de sustancias. Aparece más bien esta organización en torno a la fascinación por esas violencias, de la búsqueda de reconocimiento en cuanto al heroísmo o formas de inmolarse.

¿Por qué esta investigación la hace una oficina del MPF relacionada al terrorismo? 

No lo sé exactamente. A mí lo que no deja de asombrarme es cierta satisfacción que se lee en redes y comentarios con la idea de que por fin se le ponen límites a los adolescentes, que se lo pueda requisar o que vayan a la escuela con mochilas transparentes, que la policía entre a la escuela; todo lo que estuvimos viendo estos días. 

Entiendo que ahí está el miedo de las personas que hay que ayudar a a que se ubique o se calme. Lo que se advierte es una contraposición entre quienes están trabajando para que los pibes estén en la escuela, estén bien, vengan, aprendan, y si no están bien que puedan ser escuchado y quienes ven en estos hechos una constatación para quienes creen que no todos los pibes tendrían que estar en la escuela.

Y no es lo mismo decir que la escuela no puede todo, yo creo que eso está bien decirlo, hay cosas que la escuela puede advertir y otras que merecen otras intervenciones como, por ejemplo, frente al suicidio adolescente, que es una realidad que preocupa un montón.

Ese discurso se parece bastante a esa separación que se hace entre “argentinos de bien” y el resto

Sí, pero no es nuevo. Hay algo de racismo, también de clasismo, y mucho desconocimiento de cómo están creciendo los chicos. La escuela secundaria es obligatoria recién desde hace 30 años y esa idea de que no todos deberían acceder sigue existiendo y también se planteó con las universidades en el conurbano ¿para qué ir a la universidad si no pueden terminar, si sus vidas son complejas? Son cosas que se escuchan menos pero persisten.

En relación a la escuela se habla mucho de que está desbordada -como si fuera una isla- y las ideas de futuro que se proponen son superficies limpias con lindas computadoras y pizarrones interactivos ¿entre esas dos puntas, cómo están las escuelas de la provincia de Buenos Aires?

Está un poco comprometida la idea de futuro en general, no solamente para la escuela, porque la verdad es que estamos en una situación histórica en la que vemos como en muy poco tiempo se destruyen cosas que cuesta un montón construir.

Ahora, la escuela no es la secundaria a la que fui yo, a la que seguramente fuiste vos, con una lógica más de la matriz autoritaria en la que vos tenías que aprender, aunque no le encontraras sentido a lo que estabas estudiando. La escuela secundaria hoy es bastante distinta.

Acá en la provincia de Buenos Aires, por ejemplo, está en marcha un cambio muy grande de lo que se llama el régimen académico que es una manera de organizar los estudios. Hay una organización muy grande de centros de estudiantes, tenemos un consejo provincial de estudiantes que son muy interesantes en las conversaciones con nosotros respecto de su capacidad para para hacernos ver cosas y para advertirnos asuntos. 

¿Por ejemplo, de qué modo intervienen los y las estudiantes?

Estábamos trabajando antes de que se desatara todo esto en un proyecto, diría de mediana escala por razones claramente presupuestarias, para intervenir más en los recreos facilitando elementos para hacer radios abiertas o música o alguna actividad deportiva, a ver si lográbamos bajar los niveles de exposición a las pantallas. Y en reunión con el Consejo Consultivo de Estudiantes los pibes y las pibas tenían cosas para decir, para situar las necesidades de cada escuela.

¿Se pueden sacar los teléfonos de las aulas?

Acá en la provincia este es un tema muy discutido, se aprobó el año pasado una ley que regula el uso del teléfono celular en primaria y está en curso otra que pretende hacer lo mismo para para secundaria.

Pero, los pibes y las pibas pasan 5 horas por día en la escuela. El celular está todo el tiempo disponible, todo el tiempo. Y si vos no generás un poquito de uso consciente y autónomo del celular, después te los encontrás solos y solas frente a las casas de apuestas ilegales, solos frente a los sitios que te invitan a invertir y solos frente a estas redes digitales de las que estamos hablando.

Entonces, ¿cómo alertás a los chicos y a las chicas sobre alguna de las cosas que pasan en las redes? Si no metés eso como parte de lo que la escuela trabaja, sobre todo con los y las adolescentes, no se resuelve nada, sólo sacás el problema de la escuela. 

¿Como ministra, qué crees que las escuelas ofrecen a la sociedad en este momento?

Yo tengo expectativas de la escuela como lugar de encuentro, creo que tenemos que trabajar sobre esa idea, que es difícil, que la gente está por momentos rota, que hay mucha preocupación, mucha angustia, por la crisis económica, por las guerras, la violencia…  

Para mí las escuelas son una potencia, con todos sus problemas, con todo lo que tendrán que cambiar. La verdad, estoy más preocupada porque las escuelas sean un verdadero lugar de encuentro. Un lugar donde no de lo mismo estar que no estar. Por eso lanzamos este año una campaña por la concurrencia a las escuelas, porque detectamos mucho la inasistencia de los pibes y las pibas, después de la pandemia. El mensaje es ese, no expulsar si no que no nos falte nadie. Cuidar a los chicos es que los chicos estén en la escuela.