Las mujeres reclaman que "menopausia” deje de ser una mala palabra y que se atiendan sus trastornos

Se multiplican los sitios virtuales y libros sobre el tema; especialistas dicen que hay recursos para controlar los síntomas, pero deben indicarse en forma personalizada.

04 de febrero, 2026 | 10.00

De acuerdo con los datos del último Censo Nacional de Población de 2022, en la Argentina hay alrededor de 2,7 millones de mujeres de entre 45 y 54 años. Muchas de ellas están protagonizando una revuelta subterránea que se extiende por las redes, las aglutina en grupos virtuales multitudinarios y hasta promovió un nuevo género editorial: libros sobre cómo transitar la menopausia.

Con una expectativa de vida mucho mayor y una larga historia de marginación, hoy ellas reclaman que científicos y médicos las escuchen y tomen en serio las dolencias que aparecen con el descenso de los estrógenos. El sitio de Internet de Mary Claire Haver, dedicado a “desmitificar” esa etapa, tiene 1.3 millones de seguidoras. Otro, llamado “Menopausia +40”, 932.000.

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Los títulos que ayudan a entenderla y enfrentarla sin padecimientos se multiplican. Solo en el último año y medio se publicaron en el país Menopausia y Cerebro. Nuevas aportaciones de la neurociencia y la medicina, de Lisa Mosconi (Paidós), La nueva menopausia, de la propia Haver (Diana), Re-evolución Hormonal, de Florencia Giecco y Sandra Fernández (Grijalbo), Vivir una menopausia consciente, de Sandra Magirena (El Ateneo), y El Equilibrio Perfecto, de Marta León (Lunwerg), entre otros.

Uno de los que ya se convirtió en un fenómeno multimedia es Encendidas, de la escritora y periodista Mariana Carbajal (Penguin), que después de su publicación se convirtió en un podcast (a dos voces con la también periodista y activista por los derechos de las mujeres Ingrid Beck), y hasta dio lugar a presentaciones en vivo en todo el país. Carbajal no sólo recorre el amplio rango de trastornos que pueden presentarse y cómo enfrentarlos, sino que analiza el proceso desde una óptica social, histórica y política.  

“El libro fue una necesidad muy íntima de poner en palabras el tsunami hormonal que me atravesó al llegar a la menopausia –explica Carbajal–. Me di cuenta de que había en esta transición hormonal otra injusticia patriarcal: el silencio en torno del tema, el estigma cuando se hacía alguna referencia, la ausencia de políticas públicas. Dejamos de menstruar y de tener función reproductiva, y parece que dejamos de existir como usuarias del sistema de salud. Hay protocolos de atención para las embarazadas, pero no para las mujeres y personas con útero que llegan a la menopausia. Curioso ¿no? Y otra sorpresa fue descubrir que no todos los ginecólogos y ginecólogas son especialistas en climaterio. Entonces puede suceder –y es muy frecuente– que el médico o médica con el que te atendías desde la adolescencia o juventud, o a partir de tus embarazos, si tuviste hijos, no sepa de menopausia pero no te lo advierte: es posible que te diga “bancatela”, “qué esperabas”, “es así” antes de derivarte a un/a colega que sí sabe del tema. Y vos quedás en un mar de incertidumbres y desinformación”.

Aunque no siempre se vive de la misma manera, Carbajal comenta que llegó a la menopausia sin saber qué la esperaba. En su caso y en muchos otros, el sacudón que implican los cambios asociados con la caída de estrógenos y progesterona fue muy significativo: “Impacto en mi vida sexual y de pareja, en la concentración, la aparición de sequedades varias, y del maldito insomnio, los cambios de humor, en fin, una catarata de consecuencias en mi cotidianeidad que me llevaron a tener la necesidad de escribir, de buscar respuestas, y sobre todo, de encontrar ‘soluciones’ para pasarla de la mejor manera y recuperar el bienestar –explica–. Todo ese recorrido lo cuento en Encendidas. Es mi libro más íntimo y personal. Lo escribí convencida de que lo personal siempre es político. Después de la publicación del libro, sentí que tenía que seguir ampliando la conversación y pensé que el formato del podcast era el paso siguiente, muy apropiado para mujeres que solemos estar ocupadas haciendo distintas actividades al mismo tiempo. La invité a Ingrid (Beck) a sumarse. Ella me había acompañado en la presentación, en marzo de 2024, y se había dado una linda química entre las dos. Ese día, ella reconoció que era una negadora del tema: tenía muchos signos asociados con la menopausia pero no los relacionaba y tampoco su médico le había siquiera mencionado la palabra’menopausia’, y tenemos la misma edad”.

En esta obra, que escribió a lo largo de un año, Carbajal investigó, hizo entrevistas y volcó su propia experiencia. El libro ya tuvo dos reimpresiones y en julio se publicó en España. También con Beck, publicaron otro, Antimanual para Encendidas. Una guía (in)útil para sobrevivir a la menopausia (Penguin), con el humor como catalizador, algo que las distingue. 

 “Siempre quise darle un lugar central al humor –subraya Carbajal–, porque quería (y quiero) cambiar la narrativa alrededor de esta etapa, sacarla de la idea del ‘menopáusica’ casi como un insulto o una descalificación para que se considere como lo que es: una transición hormonal, con muchos cambios, pero que las mujeres tenemos que aceptar y los demás, respetar y acompañar con empatía”.

Mariana Carbajal, a la izquierda, e Ingrid Beck, protagonistas del podcast "Encendidas"

En su lanzamiento, a fines de 2024, el podcast estuvo entre los 10 más escuchados de la Argentina y ya tiene más de 320 mil reproducciones. En agosto de 2025 estrenaron la segunda temporada y este año están preparando la tercera para una audiencia que excede largamente la Argentina, ya que se escucha también en España, Uruguay y otros países latinoamericanos y europeos. Un dato llamativo es que un seis por ciento de la audiencia son varones que lo escuchan por su cuenta o en pareja. “También el libro me han contado algunas lectoras que lo leen en voz alta con su compañero –cuenta Carabajal–. Las amigas se lo recomiendan entre ellas, también profesionales de la salud, ginecólogos y psicólogas a sus pacientes, a veces son las hijas a sus madres y hasta maridos a sus esposas”. 

La escritora atribuye el vacío informativo y de cuidado que existe en torno de este tema a que la ciencia médica se moldeó tomando al varón blanco hegemónico como modelo para sus investigaciones. “Tienen hace casi treinta años una pastillita azul para la disfunción eréctil, pero todavía no se sabe bien qué le pasa al cerebro femenino en esta etapa –agrega–. Aquí también se manifiesta la gran injusticia patriarcal que decide las prioridades de la investigación en salud. Luego, creo que dejamos de ser reproductivas, y ‘nos caemos’ de las políticas públicas. El patriarcado nos quiere incubadoras o no existimos. A eso se le suma que la menopausia puede ser un gran cartel de ingreso al envejecimiento y es objeto de otra capa de discriminación que tiene que ver con el ‘edadismo’. Pero siempre con un sesgo de género: los varones maduran, nosotras envejecemos”.

Alejandra Belardo, jefa del Servicio de Climaterio del Hospital Italiano, lo confirma: "Las mujeres ‘salieron del clóset’ y quieren que se hable, quieren informarse. Antes, decir la palabra 'menopausia' era vergonzante; ahora,  vienen a consultar de un tema que ellas desconocían totalmente. Empezamos a tener consultas por síntomas que antes se los bancaban porque ‘de eso no se hablaba’, por ejemplo, no poder dormir o tener niebla mental. Cuando comencé a estar a cargo del servicio, aproximadamente en 2008, recibía pacientes por derivación. Muchos médicos decían ‘Bueno, esto ya va a pasar, abanicate, ponete un gelcito si te duele…’ No, no, señor, no puede tener relaciones la señora. Hay mujeres a las que la sequedad vaginal las atraviesa mal en edades tempranas de la vida, y eso les genera conflictos emocionales y de pareja, no es algo banal, para no darle importancia. Desde ese punto de vista, yo creo que estamos avanzando, no lo suficiente, pero la mujer se está empoderando en el sentido de reclamar su derecho a saber si puede hacer algo o no, a poner en palabras lo que a una le pasa. Antes, atendíamos tres veces por semana, tres horas; ahora, somos un equipo de siete personas".

Para Julieta Vera, ginecóloga, especialista en infecciones vulvovaginales del Hospital Italiano y miembro de la Sociedad Iberoamericana de Vulva y Vagina, aunque la difusión pública sobre estos problemas que pueden deteriorar la calidad de vida de las mujeres es bienvenida, hay que tener cierto cuidado con la patologización: “La menopausia no es una enfermedad en sí misma, sino una transición, un cambio fisiológico normal en la vida de la mujer desencadenado por un proceso hormonal, que es la detención de los ciclos menstruales durante por lo menos un año”, aclara. En nuestro país, eso se produce en promedio a los 50 años, pero puede ser algo antes o un poco después. A la etapa inmediatamente anterior, caracterizada por la caída progresiva de los estrógenos y que también puede presentar síntomas desagradables, se la llama “perimenopausia”.

“La caída de los estrógenos no necesariamente se asocia con molestias –afirma Vera–. Algunas mujeres tienen síntomas como los vasomotores (calores, sofocos), niebla mental y otros trastornos cognitivos, cansancio, trastornos del estado del ánimo. Es importante informarse y que haya profesionales especializados, sobre todo porque también hay consecuencias a largo plazo, que son silentes, como puede ser la pérdida de masa muscular y de densidad mineral ósea, además de aumento de riesgo de enfermedades cardiovasculares. En algunas mujeres seleccionadas, la terapia de reemplazo hormonal oportuna puede frenar esa progresión”.

Hoyo hay numerosos recursos para sobrellevar mejor esta transición que puede durar entre uno y siete años, según la bibliografía, pero lo más importante es adoptar un enfoque personalizado, subrayan las especialistas, porque lo que sirve para una mujer tal vez no convenga para otra. "Algunas empiezan a experimentar síntomas varios años antes de la menopausia propiamente dicha –advierte Belardo–. Pero hay que tener cuidado y hacer la consulta porque a veces obedecen a otras patologías".

El descenso de los estrógenos propicia la osteoporosis

“Ciertos trastornos son transitorios –detalla Vera–. Los calores en general tienen un pico y después disminuyen. Hay otros que son progresivos. Por ejemplo, la atrofia vulvovaginal o síndrome genitourinario de la menopausia (sequedad vaginal, afinamiento de la piel de la vulva y mucosa, dolor en las relaciones sexuales, aumento de riesgo de infecciones urinarias), que van a experimentar más del 60% de las mujeres, es un cuadro que se puede tratar fácilmente con terapia de estrógenos locales (óvulos y cremas), que no posee contraindicaciones porque no tiene absorción sistémica y se puede utilizar toda la vida. Para la terapia de reemplazo hormonal hay una ventana de oportunidad que, si se aprovecha en las mujeres que no tengan contraindicaciones, puede traer beneficios como la disminución de esos riesgos menos visibles y de los que menos se habla (osteoporosis, cardiopatías), pero que sin embargo pueden cambiar el pronóstico en términos de longevidad de esa persona”.

Por lejos, el síntoma que aparece más en la consulta son los sofocos, comenta Vera, y subraya que los bajos niveles de estrógenos no siempre tienen signos visibles. “Muchas mujeres vienen de pronto al consultorio y piden ‘estudios de menopausia’ –explica–. Y tal cosa no existe. No es indispensable hacer un rastreo sistemático de las mujeres para conocer sus niveles hormonales. Los estrógenos invariablemente descienden, pero es difícil predecir cuándo. No hay nada que pueda indicar si es necesario iniciar un tratamiento más allá de las molestias. En general, suelen ser transitorias, llegan a un máximo y van disminuyendo, pero a veces pueden persistir y en esos casos una se plantea una terapia a más a largo plazo; sobre todo, porque a veces interrumpen el sueño y pueden generar mala calidad de vida”.

Los tratamientos pueden ser hormonales o no. Dentro de los primeros se agrupan en locales o sistémicos. Algunos están aprobados y tienen evidencia que los respalda. Otros, como los pellets o el implante subdérmico, hoy se sabe que todavía no son seguros para su colocación y que pueden generar efectos secundarios, como la hipercolesterolemia o la hipertrofia clitorídea, sin posibilidad de reversión. Por eso, cualquier decisión que se tome siempre debe hacerse con un seguimiento adecuado por parte de un especialista para no generar ningún daño o perjuicio en lo inmediato ni a largo plazo”. Y coincide Belardo: "Las hormonas no son nuestras enemigas, pero tampoco se las puede administrar indiscriminadamente a cualquier edad, en cualquier dosis y a cualquier mujer; hay que indicárselas a aquella que lo necesita en la dosis que corresponde con la evaluación correspondiente".

Entre las medidas no farmacológicas (por ejemplo, para el manejo de los sofocos), Vera indica que el ejercicio físico demostró ser el principal aliado: cualquier actividad, por lo menos 30 minutos cuatro veces por semana, ayudaría a disminuirlos. Y, para prevenir la pérdida ósea, ejercicios de fuerza.

La actividad física ayuda a controlar varios de los efectos de la menopausia en el organismo femenino

La respuesta de lectoras y oyentes del podcast Encendidas es sin duda una confirmación de que había una profunda necesidad insatisfecha.  “Es hermoso leer los mensajes de agradecimiento que nos llegan a nuestro instagram @encendidas.ok por ayudarlas a transitar mejor esta etapa, y también porque se divierten y se ríen mucho con nosotras –confiesa–. Emociona ver la difusión que va teniendo el tema y sobre todo que ya muchas no se sienten tan solas y estén buscando especialistas para que las acompañen con las mejores opciones terapéuticas, si las necesitan. En los ‘vivos’ que hacemos con Ingrid se crea una complicidad increíble con el público, porque abrimos siempre la conversación y nos cuentan sus anécdotas de olvidos y niebla mental, o en relación con la sexualidad, entre otros temas que proponemos. Me han escrito también varones, muy agradecidos por descubrir el libro o el podcast, porque ahora entienden algunas actitudes de su madre que les resultaban incomprensibles o porque les permitió acompañar mejor a su pareja que está transitando esta etapa”. 

Y concluye: “Ahora queremos que este tema entre en la agenda política, porque está afectando la vida de la amplia mayoría de mujeres que estamos terminando la década de los 40 y atravesamos la de los 50. Queremos que se creen programas de atención a las mujeres en climaterio, que haya especialistas, que se incluya en la Educación Sexual Integral, que se cubran los tratamientos hormonales de reemplazo, para quienes los necesiten y que no sean un privilegio de quienes tienen la información y el dinero para pagarlos. Misiones en 2025 se convirtió en la primera provincia en aprobar una ley que crea un programa integral de salud para mujeres en menopausia y climaterio, y ya hay legisladores a nivel nacional y en otras provincias que han presentado iniciativas de ese tipo, muchos a partir de leer Encendidas, o escucharnos en el podcast o en alguna  de nuestras presentaciones en vivo. Es decir, necesitamos que el tema llegue a los debates legislativos, para que haya protocolos de atención, y que no sea una lotería acceder a un o una especialista que ni siquiera está identificados en la cartilla”.