Así es la máquina que hace sonar las campanas de la Basílica de Luján desde hace más de 100 años

Entre engranajes, pesas y un enorme péndulo, un histórico mecanismo sigue marcando el paso del tiempo y activando las campanas de uno de los templos más emblemáticos de la Argentina.

02 de julio, 2026 | 17.53

Mientras millones de personas llegan cada año a la Basílica de Luján para agradecer, pedir o simplemente admirar su imponente arquitectura neogótica, muy pocos saben que en lo alto de sus torres funciona una verdadera joya de la ingeniería de comienzos del siglo XX.

Lejos de los vitrales, del altar y de la imagen de la Virgen, un complejo reloj mecánico continúa cumpliendo la misma misión para la que fue diseñado hace más de un siglo: marcar las horas y poner en movimiento las históricas campanas del santuario. Se trata de una maquinaria monumental que forma parte del patrimonio histórico de la Basílica y que, pese al paso del tiempo y los avances tecnológicos, sigue conservando buena parte de su funcionamiento original.

El mecanismo está instalado en una de las torres del templo y funciona mediante un sistema de engranajes, ejes y un gran péndulo regulador que mantiene la precisión del reloj. Originalmente, el sistema debía recibir cuerda de manera manual mediante enormes pesas. Con el paso de los años fue adaptado para incorporar un remontaje eléctrico, aunque conserva su estructura mecánica tradicional, considerada de gran valor patrimonial.

El reloj posee tres trenes mecánicos independientes, uno dedicado al movimiento de las agujas y otros dos destinados a accionar las sonerías de las horas y de los cuartos. Cada pieza trabaja de manera sincronizada para que las campanas repiquen exactamente cuando corresponde.

Además de indicar la hora en las enormes esferas visibles desde distintos puntos de la ciudad, el sistema gobierna el sonido de las campanas que acompañan celebraciones religiosas, fiestas patronales y momentos solemnes desde hace generaciones.

El conjunto campanario de la Basílica está integrado por 15 campanas, fundidas con diferentes tamaños y afinaciones. La más pequeña pesa apenas 55 kilos, mientras que la mayor alcanza los 3.400 kilos, sumando entre todas más de 12 toneladas de bronce. Cada una posee un nombre propio, una inscripción y una nota musical específica, formando un auténtico instrumento monumental.

El conjunto campanario de la Basílica está integrado por 15 campanas, fundidas con diferentes tamaños y afinaciones.

El silencio que preocupó a Luján

Durante varios años, tanto el reloj como las campanas dejaron de funcionar correctamente debido al desgaste propio del tiempo. La ausencia de sus tradicionales campanadas llamó la atención de vecinos y peregrinos, hasta que en 2014 un proceso de restauración permitió recuperar el funcionamiento del sistema. Desde entonces, los relojes volvieron a marcar las horas y las campanas recuperaron un sonido que forma parte de la identidad de la ciudad, aunque durante los primeros días fue necesario realizar ajustes técnicos para sincronizar correctamente el mecanismo.

La Basílica de Luján, inaugurada en 1910 y cuyas torres fueron finalizadas en 1935, es uno de los monumentos religiosos más importantes del país y fue declarada Monumento Histórico Nacional. Sus torres, que alcanzan los 106 metros de altura, albergan esta maquinaria casi desconocida para el público, pero fundamental para la historia del templo. Más de cien años después de su instalación, el histórico mecanismo continúa demostrando que la ingeniería de otra época todavía puede desafiar al tiempo.