Después de la guerra en Irán: por qué la economía ya no será la misma

La guerra en Irán sacude el tablero global y amenaza con un nuevo golpe al bolsillo vía inflación de alimentos y combustibles. La crisis de las cadenas de valor fuerza un mapa de alianzas donde el poder de EE.UU. ya no es total. En este nuevo desorden mundial, se acelera una reconfiguración de ganadores y perdedores que pone en jaque al comercio actual.

18 de abril, 2026 | 00.05

Los impactos de drones y misiles a más de 13 mil kilómetros de sus costas parecen mantener a la Argentina un tanto ajena a la guerra en Irán. Pero este conflicto está moviendo el tablero económico mundial sin excepciones. En el corto plazo, las fluctuaciones del precio del petróleo y los alimentos son consecuencias previsibles y evidentes, pero para ver el mediano y largo plazo hay que hacer un doble click. Y aunque las preguntas por el futuro no encuentran muchas certezas, sí hay algunas: la inestabilidad de los pasos marítimos clave y esta suerte de apagón logístico aceleran -como lo hicieron la pandemia y la guerra en Ucrania- la crisis de las cadenas globales de valor, revelando la fragilidad estructural del comercio internacional.

Mientras tanto, las alianzas de posguerra crujen, forzando una reconfiguración de los alineamientos mundiales y definiendo nuevos ganadores y perdedores. En este camino, la hegemonía de Washington ya no brilla como antes y Beijing resurge después de un primer golpe. En diálogo con El Destape, el internacionalista uruguayo Ignacio Bartesaghi y el economista español Juan Carlos Martínez Lázaro, explicaron cuáles son los escenarios económicos que se dispararon con la guerra en Medio Oriente y cómo el comercio internacional del futuro se parecerá poco al actual.

El corto plazo: el shock global

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Esta guerra que iniciaron Estados Unidos e Israel el 28 de febrero en Irán -y que se extendió a otros países de la región y a puntos clave del comercio internacional como el estrecho de Ormuz- tiene efectos inmediatos para las poblaciones enteras que están bajo el asedio de las bombas. Pero para la mayoría de las naciones la realidad es otra, aunque no ajena a la contienda: todos los países del sistema internacional son tocados por la guerra y las consecuencias, que ya se ven, seguirán en el mediano y largo plazo.

Bartesaghi, doctor en relaciones internacionales, dijo que “de corto plazo lo que se está viendo es la inestabilidad, la suba del petróleo, la baja en las bolsas, el tema de apertura de algunos hubs [punto central de conexión] que después se vuelven a cerrar, los vaivenes en los tipos de cambio a partir de lo que pasa en el dólar, las corridas hacia los activos físicos, etc”.

En tanto, el economista y profesor de IE University Martínez Lázaro dijo que la clave para mirar a futuro es ver la evolución de la guerra y saber cuánto durará. Si las conversaciones entre Washington y Teherán -frustradas pero que podrían reanudarse este fin de semana- concluyen con un silencio de las armas más o menos pronto, “pues los daños sobre la actividad económica van a ser menores, pero los daños en la actividad económica van a ser importantes porque ya estamos notando una inflación en muchos países y no se va a ir tan rápido. Además, hay muchas infraestructuras que han sido dañadas y una serie de flujos logísticos que tienen que recolocarse, y eso tarda tiempo. Lo vimos tras de la pandemia, con la crisis de los contenedores, cómo tardó tiempo volver a la situación que tenían previamente”.

El mediano plazo: la gestión del riesgo, las nuevas rutas y las alianzas

Mientras el mundo mira los efectos inmediatos y evidentes hay otros que van más allá y que podrían ser permanentes. En primer lugar, va quedando cada vez más claro que la conflictividad hace necesario pensar siempre en un plan B. Esto se impone como necesidad ya que algunos especialistas hablan de transición de una economía de "eficiencia" (just in time) a una de "resiliencia" (just in case), que prioriza la seguridad y continuidad de los servicios antes que bajar los costos. En el caso del comercio internacional podríamos decir que “llegar antes” a destino ya no es la preocupación, ahora lo importante es “llegar”. Y qué país te promete no interrumpir tu comercio será tu aliado o socio, mientras que quien interfiera -como en el caso de Irán con el estrecho de Ormuz o la amenaza de los hutíes de Yemen de estrangular el comercio por el Mar Rojo en solidaridad con Teherán- entonces será tu enemigo.

Como señaló el politólogo Andrés Malamud en el podcast Risky Talks, Irán es importante por su capacidad de  “disrupción y daño” a nivel global. En esa charla incluso incluyó a la Argentina en el grupo de países que cuentan con esa capacidad. En el caso de Teherán aseguró que “no es una potencia por su capacidad de liderar, es una potencia por su capacidad de disrupción y amenazas o relevancia negativa (...) su capacidad de hacer daño es tan fuerte que no importa que los tipos se condenan también a la pobreza y a vivir en la era de piedra, porque viviendo en la era de piedra, aún así, con unos drones y unas minas, consiguen que el mundo dependa de ellos, le duplican el precio del petróleo y este no determina solamente las relaciones entre los países, sino la supervivencia electoral de los gobiernos”.

En paralelo, el papel de Trump en el tablero internacional solo logró erosionar cada vez más la confianza en los aliados tradicionales. “En esta dinámica actual del sistema internacional lo que se ve son potencias enfrentadas sin una lógica común de alianza, porque estamos en un momento de nuevas alianzas: hay un Estados Unidos que rompe o quiere dejar sus alianzas clásicas de posguerra; una China que pide generar nuevos lazos con algunos países europeos; está Canadá que vuelve a mirar para Europa; están Japón y Corea expectantes de con quién van porque tienen la dificultad de la errática política internacional de Trump”, dijo Bartesaghi.

En tanto, la crítica dependencia -mayormente de países asiáticos- de insumos como el petróleo y gas licuado que pasan por Ormuz sembró otra urgencia además de la de tener socios fiables; la de la aceleración de la transición energética. La dependencia del petróleo obliga a los Estados a meter quinta a sus planes de energías renovables no por ecología, sino por seguridad nacional.

Martínez Lázaro aseguró que independientemente de la guerra en Irán y la crisis de Ormuz, “China ya estaba ganando la guerra tecnológica de todo lo que son las energías alternativas”. El economista español consideró que “los vehículos eléctricos chinos tienen una tecnología muy superior incluso a la europea en el campo de los vehículos eléctricos y que empiezan a tener una cuota de mercado cada vez más importante en Europa”. Para él, si el conflicto persiste, los consumidores de países -por ejemplo- europeos podrían asumir que es mejor migrar a esos vehículos y reforzar así la posición de Beijing.

La misma dinámica dominante de China en el plano tecnológico la observó en lo referente a los aerogeneradores de viento para producir energía eólica y para los paneles solares, “donde China ya es en auténtica potencia”, dijo Martínez Lázaro.

Bartesaghi descartó la idea de que China es un gran perdedor por su fuerte dependencia de la energía que pasa por Ormuz. “Eso está basado en un cálculo simple de qué porcentaje del petróleo que pasa por el estrecho va para China. Pero ellos ya tenían previsto que esto podía ocurrir y ya tenían una cantidad importante de reserva de petróleo para cubrirse. No les pasó como en Indonesia donde ya están cancelando la actividad los viernes para ahorrar energía. Y ahí también se ve la importancia de tener un plan B en términos de cadenas de abastecimiento de productos estratégicos frente a un incidente geopolítico como  es una guerra”, agregó.

El internacionalista uruguayo aseguró que en el futuro próximo se debe dar una “discusión sobre la fragilidad del funcionamiento actual del sistema internacional; las cadenas de abastecimiento, de la proveeduría de productos estratégicos, el riesgo de concentración de tu matriz productiva en base al petróleo”. En esa línea, consideró que la actual afectación de la libre circulación de las mercancías a nivel internacional debería obligar a los países a empezar “a manejar escenarios de riesgos en donde se les corte el acceso de productos estratégicos”.

Los actores: ganadores y perdedores

En estos escenarios como el de la pandemia o la actual guerra de Irán, los impactos pueden ser globales o generales, pero no todos los actores quedan parados en el mismo lugar. Irán queda dañado pero conserva su capacidad de daño como máximo capital; Estados Unidos sufre un desgaste de su liderazgo, con proceso de inflación interna y crisis de confianza con respecto a sus tradicionales aliados por cortarse solo (o junto a Israel); mientras que China gana terreno diplomático y aunque afectada por costos logísticos, queda claro que se preparó no solo para esta coyuntura, sino también para liderar el proceso de transición energética.

Para Martínez Lázaro, Estados Unidos al final no va a ganar nada. “Realmente lo que se está enfrentando es a un gasto militar brutal y eso es importante, lo va a pagar. Por otro lado, se está enfrentando a una elevación de los precios de las gasolinas en el país que le va a terminar pasando factura, veremos si no le pasa una factura electoral en las elecciones de mi tarde de noviembre”, aseguró a la vez que señaló que Israel sí es un actor que está consiguiendo lo que quiere, pero no tiene que ver con el plano económico. “Está logrando algo verdaderamente importante para ellos, que es tratar de machacar todo lo que pueda al régimen iraní y Hezbollah en el sur del Líbano. Por eso quieren continuar, por todo el daño que puedan infligir a Irán o a Hezbollah, pues saben que eso es más tranquilidad en el futuro para ellos. Les encantaría cambiar el régimen, pero no parece que eso vaya a ser posible”.

Si se amplía el enfoque, se ve a una Europa que desde la guerra en Ucrania y ahora con la de Irán está obligada a una reconstrucción estratégica de su defensa así como  de sus alianzas comerciales, sobre todo después de los desplantes de Trump. “Europa pierde su influencia, estamos viendo que no tiene una postura muy clara, no sabe muy bien dónde estar ahora mismo, hay en cierta parte que está aumentando la distancia con Trump”, dijo Martinez Lázaro. En cuanto a los países del Golfo que supieron construirse como hub logístico y como oasis de tranquilidad en una región convulsa que supo explotar desde el turismo hasta las inversiones, ahora se ven amenazados.

Largo Plazo: el nuevo orden y el factor China

Frente al desorden económico internacional y a la continua fragmentación de las cadenas globales de producción con base a la desconfianza mutua, ¿se puede mirar más allá del corto y mediano plazo? Si la guerra en Irán no se trata de un hecho aislado, sino de uno que vino a acelerar tendencias previas de la económica y la política no es difícil pensar en un “cambio de época”. Ahora bien, ¿es posible preguntarse si este es el momento en el que la hegemonía estadounidense y el predominio del dólar aceleran su retroceso? ¿o si China terminará de consolidarse no solo como proveedor de las tecnologías energéticas, sino en la nueva potencia global?

El declive de la hegemonía estadounidense parece ser un consenso y aunque esa tendencia no comienza en la guerra de Irán, esta podría acelerarla. “Estados Unidos sigue siendo la primera potencia a nivel mundial, pero hay que asumir que es una potencia que ya no puede sola, desde el punto de vista del armamento sí puede sola, pero desde el punto de vista de la economía no”, consideró Bartesaghi.

A pesar de ser la primera potencia militar, Estados Unidos experimenta una caída económica frente a China y un debilitamiento en su peso internacional. En este cambio de época, cabe la pregunta de qué pasará con el dólar -símbolo del poderío comercial y financiero de EE. UU. en tanto acreedor global- que muestra indicios de declinar su volumen como moneda de reserva internacional en gran parte de los países del mundo. Bartesaghi estimó que el dólar “sigue siendo la gran moneda a nivel internacional y va a seguir siendo por muchos años más”, pero que en el largo plazo podría perder peso.

Martínez Lázaro también anticipó una larga vida para el dólar: “China lleva mucho tiempo impulsando el yuan como una moneda alternativa al dólar, pero hoy por hoy es más un deseo que una realidad. Al final, la moneda china no es totalmente convertible, está manipulada por sus autoridades y creo que va a ser muy difícil que se utilice como una moneda de reserva y de comercio mundial, más allá de algunas transacciones puntuales que pueda hacer. el dólar va a seguir teniendo un recorrido muy importante como moneda de reserva y como moneda de transacción económica".

Pero más allá de lo que pase con la moneda estadounidense en particular, Occidente en general muestra signos de crisis social y democrática, lo que permite a China posicionarse como una alternativa multilateral confiable, a pesar de su régimen. Y aunque EE.UU. mantiene su resiliencia tecnológica, la política exterior errática e inestable resintió las alianzas históricas de Washington con Europa y Canadá, entre otros. En definitiva, la confrontación constante y la guerra comercial no devolvieron la prosperidad prometida, dejando incertidumbre sobre el liderazgo futuro. Y si bien existe el consenso en torno al declive estadounidense y en que Occidente se desgasta en estos conflictos, mientras China es retratada como la ganadora silenciosa, lo cierto es que a lo largo de la historia fueron pocas las transiciones automáticas o los “pasos de mando” pacíficos, y un potencial escenario de esos entre Washington y Beijing podría no ser la excepción. Pero China parece tener presente ese proverbio que decía “ustedes tenían el reloj, nosotros el tiempo”. A la vez, se posicionan como un aliado "fiable" y multilateralista en un escenario de creciente fragmentación global. De todos modos, Beijing no parece poder evitar el camino hacia un mundo con bloques económicos más cerrados y el cuestionamiento de la libre circulación de mercancías en aguas internacionales. Esto merecería mínimamente que los gobiernos de todo el mundo entiendan que la geopolítica se vuelve a sentar a la mesa de la economía y de que el conflicto y la inestabilidad vino para quedarse un buen tiempo.