La inflación de enero fue del 2,9%, con una fuerte aceleración en los precios de los alimentos, según informó el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec). El dato se conoció en medio de la polémica por la renuncia de Marco Lavagna como titular del organismo, una salida que generó fuertes cuestionamientos sobre la independencia del ente estadístico bajo el gobierno de Javier Milei.
De acuerdo al informe oficial, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) acumuló un incremento interanual del 32,4%, mientras que los alimentos volvieron a ser el principal factor de presión sobre el bolsillo de los hogares.
La división que más aumentó en el mes fue Alimentos y bebidas no alcohólicas, con una suba del 4,7%, seguida por Restaurantes y hoteles, que registró un alza del 4,1%. En el caso de los alimentos, el impacto fue generalizado en todo el país, con especial incidencia de los aumentos en Carnes y derivados y Verduras, tubérculos y legumbres, rubros clave de la canasta básica.
Según el propio Indec, Alimentos y bebidas no alcohólicas fue también la división con mayor incidencia en la variación mensual regional, lo que confirma que la inflación continúa golpeando con más fuerza a los sectores de menores ingresos, pese al discurso oficial de desaceleración. En contraste, las divisiones que mostraron las menores variaciones en enero fueron Educación, con un aumento del 0,6%, y Prendas de vestir y calzado, que incluso registró una caída del 0,5%.
El dato inflacionario se difundió pocas semanas después de la renuncia de Marco Lavagna a la conducción del Indec, en un contexto de tensiones con el Gobierno por el manejo del organismo y la metodología de medición. La salida del funcionario encendió alertas en distintos sectores políticos y económicos, que advirtieron sobre posibles presiones del Ejecutivo en un área sensible para el seguimiento del impacto real del ajuste.
Pese a frenar la implementación de la nueva medición, los números de enero vuelven a mostrar que el freno no se siente en los alimentos, el rubro que más pesa en el consumo cotidiano y que sigue erosionando el poder adquisitivo de salarios y jubilaciones.
