"Ya ves el apellido en mi espalda. Si yo puedo hacerlo, vos podés hacerlo", con ese mensaje, Elijah Arroyo, el novato ala cerrada de los Seattle Seahawks que jugará el Super Bowl, motivó a los niños latinos a soñar con una carrera en el deporte, pero bien podría ser un mantra para los millones de jóvenes que se ven amenazados por el recrudecimiento de las políticas migratorias en Estados Unidos y los asesinatos del ICE. Nieto de mexicanos, nació en Orlando pero aprendió el fútbol americano con los Troyanos de Cancún, donde vivió entre los 7 y los 13 años. Lejos de los campos ultrapreparados de USA, había que jugar sobre la tierra, con limpieza previa de vidrios rotos y piedras, como en los potreros que tanto nutren al fútbol sudamericano.
El domingo desde las 20.30 y contra los New England Patriots, Arroyo tendrá la oportunidad de coronarse en la meca del deporte estadounidense, la final de la liga más millonaria a nivel mundial, y rodear el trofeo Vince Lombardi con la bandera de sus abuelos, la misma con la que se mostró en las ruedas de prensa previas. No será el único latino en la cancha. Junto a él estarán Julian Love -de ascendencia cubana y mexicana, pieza clave del dark side, una de las defensivas más contundentes de la NFL- y el puertorriqueño Federico Maranges; en la vereda de enfrente se presentarán el pateador caraqueño Andy Borregales -primer venezolano en un SB y autor del gol de campo victorioso en la final de conferencia-, Jaylinn Hawkins -con raíces en Panamá, a donde proyecta un campamento juvenil para impulsar su deporte- y Christian González, de padre colombiano.
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Cada uno buscará llevar a Sam Darnold y Drake Maye, los mariscales de campo, a la gloria. Para Maye, que quedó a un voto de ser MVP de la temporada, sería la ratificación de quienes lo comparan con aquel incipiente Tom Brady, el mejor de la historia que además vistió los mismos colores; para Darnold,el broche de oro para revertir una carrera que comenzó complicada y vengar a la pasada la dolorosa final que Seattle perdió frente a New England en 2015, con una intercepción en la última yarda.
Trump y ICE, bien lejos, mientras la rueda gire
Sin dudas, habrá fiesta con música en español gane quien gane, no solo en el pasto sino también en la ciudad de Santa Clara, sede del espectáculo ubicada en California, el estado con más latinos (más de 15 millones) entre las 50 estrellas, donde casi el 45% de los niños tienen un padre inmigrante. Un show para Donald Trump y el ICE que lo mirarán por TV, o al menos eso dice la NFL. Días atrás, el Concejo Municipal de Santa Clara emitió una declaración en apoyo a los inmigrantes ante el posible crecimiento de los operativos y prohibió a las fuerzas inmigratorias operar en edificios públicos. La organización del Super Bowl respondió que no habrá redadas en las inmediaciones del estadio, pero la población desconfía.
“Tienen miedo de enviar a sus hijos a la escuela, tienen miedo de tener que irse durante el Super Bowl si la ciudad se inunda de agentes de ICE”, dijo la alcaldesa Lisa Gillmor. El condado al que pertenece la ciudad invierte casi 6 millones de dólares anuales en servicios para inmigrantes, entre ellos la Red de Respuesta Rápida, que brinda apoyo en tiempo real ante los movimientos del ICE. Y los inmigrantes también retribuyen: generan 255 mil millones de dólares al PBI local(2021), manejan más del 50% de los negocios. Y aportan miles de millones en impuestos, incluso los indocumentados que no reciben los beneficios, pero que acelerarán la rueda de consumo a niveles récord durante el domingo más importante del deporte.
Porque si de algo más que deporte se trata el NFL es de negocios multimillonarios. Desde el ticket promedio por encima de los 7 mil dólares y las apuestas (extra)deportivas sobre el lanzamiento de la moneda, el color de la bebida con qué bañarán al entrenador campeón o la duración del himno, hasta los 10 millones de dólares que se pagan por 30 segundos de publicidad, nunca antes tan costosos. Y hasta allí habrá un mexicano, "Checo" Pérez para la presentación del flamante equipo de F1 de Cadillac. Lo disfrutan los dueños de franquicias como Robert Kraft, líder de un imperio que incluye a los "Pats" y el negocio del papel y el embalaje, otrora amigo y aportante de la primera campaña presidencial de Trump, del que se alejó en el último tiempo.
Los latinos, una cuestión de mercado
Y si de abrirle nuevas puertas al negocio va la cosa, en el público latino está la llave para la liga. Contenida por su arraigo casi exclusivo al propio territorio, desde hace algunos años lleva adelante un proyecto de expansión al público internacional, sobre todo al hispano y latino. Partidos en España y otras naciones de Europa, Australia, México, pero por sobre todo en Brasil, su segundo mercado por fuera de USA con 36 millones de seguidores que en 2026 tendrá al Maracaná como escenario luego de dos temporadas con visitas a San Pablo.
Por eso no es casualidad que el artista elegido para el show de medio tiempo sea Bad Bunny, el puertorriqueño que hace mover a los gringos sin que siquiera entiendan lo que canta (incluso cuando les habla a ellos), 4 veces el más escuchado del año y 3 veces con el álbum más reproducido en los últimos 10 años en Sportify, por encima de Taylor Swift. Una decisión que Trump calificó como "terrible" y que "lo único que hace es sembrar el odio", quizás el motivo por el que no estará en el estadio, luego de que el año pasado se convirtiera en el primero en la historia en hacerse presente mientras cumplía mandato. Según él, Santa Clara queda lejos.
Benito llega al escenario que verán mas de 130 millones de televidentes, según previsiones, tras un año marcado por un disco que habla de la identidad de Puerto Rico y que incluye un videoclip en el que se parodia a un Trump que pide perdón a los inmigrantes. Por esa obra recibió hace una semana varios Grammy, escenario en el que pidió ‘ICE Out’ y llamó a "luchar con amor".
Pero Bad Bunny ya fue advertido públicamente por el comisionado Roger Goodell, que esta misma temporada multó a Azeez al Shaair -de raíces árabes- por protestar contra el genocidio en Palestina. La plataforma está "para unir a la gente", indicó Goodell. "La gente solo tiene que preocuparse por bailar... ni siquiera tienen que aprender español", respondió el puertorriqueño.
Tal vez es un tanto parecido a lo que le pide la NFL al resto del mundo: solo tienen que preocuparse por el show y consumir, ni siquiera tienen que aprender las reglas del juego.
