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Marcelo López se entremezcla entre la música y los libros en su flamante disco “4 tardes en Melopea”

El flamante trabajo del músico mendocino realiza un recorrido introspectivo, donde se juntan melodías con ideas surgidas de múltiples lecturas.

26 de septiembre, 2026 | 17.16

 

La música siempre está buscando un lugar, un recorrido, un espacio. Esos huecos los consiguen llenar quienes andan detrás de todos los hilos conductores que generan los sonidos. El mendocino Marcelo López, hacedor de una interminable lista de melodías a lo largo de décadas, abrió libros clásicos, golpeó la puerta de los históricos estudios Melopea y, bajo la influencia del ADNebbia y con la ingeniería de Mario Sobrino, le dio forma a un disco que propone un recorrido introspectivo a través de cuatro estaciones o canciones que buscan, como hilo conductor, una salida.

El trabajo destaca por el equilibrio entre la música y la palabra, donde el piano de López sostiene imágenes poéticas sin intentar imponerse sobre ellas. En esta obra, el artista asume un rol de multiinstrumentista en las piezas más vinculadas a lo literario, como "Para Alejo" (homenaje a Alejo Carpentier) y "Pautas Eneras" (basada en el libro de Rodolfo Braceli), donde grabó la totalidad de los instrumentos. La instrumentación se completa con la participación de músicos de gran sensibilidad: en "Sereno", una reflexión sobre el paso del tiempo con aires de raíz argentina, colaboran Martín Castro, Jorge Garacotche y Facundo Guevara. En "Estado Crítico", el cierre del EP que aborda la fragilidad humana y la esperanza, participan Facundo Guevara y el reconocido bajista César Franov. Este EP no es solo una colección de canciones, sino una invitación a la contemplación y a la escucha atenta. 4 Tardes en Melopea logra transformar el sonido en memoria, consolidando a Marcelo López como una voz fundamental de la canción de autor argentina.

Marcelo López, nacido en Mendoza en 1961, es pianista, compositor y referente de la música urbana argentina. Integró bandas emblemáticas como La Cofradía, Ala Disidente y Martes 13 y editó seis discos solistas, cuatro producidos por Litto Nebbia en Melopea. Ha compartido escenario con figuras del cancionero nacional como Alejandro del Prado, Rubén Goldín, Jorge Garacotche y Miguel Cantilo, y participa en proyectos colectivos como Tour de los Bares y Cantautores. En 2025 lanzó el disco Marcelo López en vivo en Café Berlín y prepara su debut en Madrid, consolidando una trayectoria que une blues, rock y canción de autor. El Destape fue a buscar las respuestas del músico mendocino, quien se adentró en los mágicos pasillos por los que andan las letras, las melodías y cada nueva canción que comienza a andar su rumbo.

Tu flamante EP vincula a la música con la literatura, al sonido con las palabras. ¿Por qué elegiste este camino y cuál es el recorrido que proponen tus canciones?

-Soy lector desde niño y seguidor del boom latinoamericano por Julio Cortazar y los demás escritores de esa generación: encuentro en ellos las palabras y el mensaje que quisiera transmitir a través de la música. Espero lograrlo.

-Convocaste a una selección de músicos. ¿Qué le aportaron a tu idea inicial?

-Tanto Martín Castro en guitarra acústica, Cesar Franov en bajo y Facundo Guevara en percusiones varias, son referentes cada uno en su instrumento y en el lenguaje sonoro que pretendo darle a cada tema. También Jorge Garacotche tiene un tono de fraseo especial que me resultaba atractivo para el tema Sereno.

-Bracelli, Carpentier, autores de cuentos y relatos que combinan lo real con lo mágico. ¿Los libros también tienen música?

Si, los libros tienen swing y la lectura de Alejo Carpentier en su obra “El reino de éste mundo” debería ser de lectura obligatoria para músicos e instrumentistas que pretendan forjar una identidad propia más allá de la ejecución de su instrumento o de su manera de componer. Con mi comprovinciano Rodolfo Braceli nos une la sensibilidad y el ostracismo del montañés que llevamos dentro.

-Litto Nebbia es un referente fundamental de la música y de la cultura, y grabaste tu material en los históricos estudios Melopea. ¿Cuál es el ADN Nebbia que marca a la música de este rincón del mundo?

-Siempre bromeo con el ADNebbia porque desde la época de Huinca y en adelante me resultaba Litto la mejor síntesis entre música, poesía y sonoridad; por eso desde el 2001 acudí a Melopea, porque ahí “entienden” lo que quiero expresar con mis composiciones y mis letras.

-¿Qué habita en el silencio? ¿Cuál es la importancia del silencio en la música?

-La nada que habita entre intervalos de música forma parte de la respiración de alguien que habla, respira y espera su momento justo, como es y sucede con el bandoneón. La música debe respirar y esperar lúdicamente el próximo sonido, la próxima melodía, la nueva tímbrica y el motivo que agrade al oído de quien lo escuche.

-Marcelo, ¿qué música escuchas?

-Siempre vuelvo a los clásicos con Robert Fripp y King Crimson a la cabeza; últimamente estoy buceando en las composiciones de Randy Newman y en los pianistas de blues. El nuevo sonido de Gonzalo Rubalcaba me cautiva, pero aún no puedo asirlo. Eso escucho últimamente.

-Desde que asumió el actual gobierno, la cultura quedó muy desfinanciada. ¿Desde tu mirada de artista, qué análisis haces de este cambio político que hubo en el país? ¿Cuál debería ser el rol estratégico de la cultura en el destino de un pueblo?

-El análisis no puede ser menos que “escabroso” desde la disolución del coro de niños, la desfinanciación del INCAA y la rebaja de la cuestión artística y cultural a límites nunca antes visitados, me resulta pavoroso. Pareciera que el rol de artistas de mi generación es defender la identidad conseguida tanto en el rock nacional como en el jazz y en el folklore de origen netamente argentino para defender la identidad musical tantas veces valorada en el resto del mundo. Pareciera que el momento que nos ocupa debe ser de barricada, como aquellos programas de radio en la dictadura que se hacían desde Uruguay para evitar la censura y poder tomar conocimiento de lo que realmente pasaba.

-¿Cómo es tu mundo? ¿Cuáles son tus búsquedas?

-Es un mundo austero, y lleno de literatura, música, de búsqueda del mejor cine argentino de los 70, 80 (Adolfo Aristarain, Juan José Jusid, Leonardo Favio, Jorge Coscia), tratando de construir identidad a partir del lugar donde vivo, Mendoza, y de las relecturas de Julio Cortázar, Macedonio Fernández, González Tuñón, Baldomero Fernández Moreno y otros. Siempre buscando construir mi identidad de pianista, de compositor y de persona.

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