El concepto de obsolescencia programada no es nuevo: se consolidó en los años 50, cuando el diseñador industrial Brooks Stevens la definió como la estrategia de "inculcar en el comprador el deseo de poseer algo un poco más nuevo, un poco mejor, un poco antes de lo necesario". Hoy, a más de 70 años de esa definición, la práctica sigue vigente y más presente que nunca.
Cómo funciona: los tipos principales
La obsolescencia programada no tiene una sola forma de operar. Los tipos más comunes son:
- Obsolescencia por calidad: el dispositivo está fabricado con materiales o piezas que se desgastan en un período calculado de antemano. La batería que no se puede reemplazar fácilmente es el ejemplo más claro.
- Obsolescencia por incompatibilidad: el fabricante deja de lanzar actualizaciones de software para el equipo, que paulatinamente deja de funcionar con las apps del mercado.
- Obsolescencia por diseño: el equipo roto no tiene repuestos disponibles o fue ensamblado de forma que desmontarlo resulta casi imposible, lo que hace que la reparación cueste casi lo mismo que un equipo nuevo.
- Obsolescencia psicológica: el producto sigue funcionando bien, pero el lanzamiento de un modelo nuevo con diseño actualizado genera la percepción de que el equipo "quedó viejo".
El impacto en Argentina
Argentina no es un caso periférico en este problema: es uno de los más afectados de la región. El país generó más de 500.000 toneladas de residuos electrónicos en 2022, lo que lo ubica como el tercer mayor generador de basura electrónica en América Latina, según datos de Statista y el Monitor Global de Desechos Electrónicos de la ONU.
El destino de esos residuos es el verdadero problema. Argentina tiene más de 5.000 basurales a cielo abierto donde se depositan diariamente celulares, computadoras y electrodomésticos descartados. Los componentes tóxicos quedan expuestos: plomo, mercurio y cadmio, que envenenan napas de agua y suelo, con graves riesgos para la salud de las comunidades cercanas.
El caso Apple: el antecedente más famoso
El ejemplo más resonante fue el de Apple en 2018. Las autoridades italianas multaron a Apple y Samsung por aplicar prácticas deshonestas: actualizaciones de software que ralentizaban deliberadamente los modelos anteriores para empujar a los usuarios a comprar el equipo nuevo. Apple tuvo que pagar 10 millones de euros de multa, en una de las primeras condenas del mundo por obsolescencia programada.
Qué dice la ley argentina
Argentina todavía no tiene una ley aprobada que regule la práctica. El diputado Oscar Agost Carreño presentó en 2025 un proyecto de Ley de Reparabilidad y Obsolescencia Programada. La iniciativa busca establecer un índice de reparabilidad obligatorio para todo equipo comercializado, visible para el consumidor, y plantea la prohibición absoluta de cualquier mecanismo digital o físico que limite deliberadamente el funcionamiento de equipos. De aprobarse, daría herramientas a organismos de defensa del consumidor para aplicar multas a importadores y fabricantes.
Mientras tanto, la Unión Europea ya lidera en este terreno. Desde fines de 2024, el puerto USB-C es obligatorio en todos los dispositivos como parte de una estrategia más amplia que incluye el "derecho a reparar": fabricantes deben proveer repuestos a precios razonables durante siete a diez años tras el lanzamiento.
