Las computadoras que utilizan hongos en lugar de silicio ya no son ciencia ficción: distintos equipos científicos lograron demostrar que estos organismos pueden almacenar y procesar información, abriendo la puerta a una nueva generación de tecnología más sustentable. A diferencia de los chips tradicionales, basados en materiales como el silicio, estos sistemas usan estructuras biológicas vivas que imitan el funcionamiento del cerebro humano.
El avance se apoya en el uso del micelio —la red de filamentos que forma el cuerpo de los hongos—, capaz de conducir señales eléctricas y responder a estímulos. En pruebas de laboratorio, los investigadores comprobaron que estos sistemas pueden comportarse de forma similar a los componentes electrónicos actuales, con la ventaja de ser biodegradables y de bajo impacto ambiental.
Cómo funcionan las computadoras hechas con hongos
El principio clave detrás de esta tecnología es que los hongos pueden actuar como “memristores”, un tipo de componente que recuerda la actividad eléctrica previa. Esto es fundamental para el almacenamiento de datos, ya que permite registrar y modificar información según los estímulos recibidos.
En los experimentos, los científicos cultivan hongos —como el shiitake— y luego los integran con electrodos. A partir de ahí, el micelio genera pequeñas señales eléctricas que pueden ser interpretadas como datos. Estas señales no solo se transmiten, sino que también se “aprenden” y se modifican con el tiempo, replicando en cierta forma el comportamiento de las neuronas.
Además, cuando se conectan múltiples redes de micelio, se forman sistemas más complejos que mejoran la estabilidad y la capacidad de procesamiento, algo similar a lo que ocurre en el cerebro humano con las sinapsis.
Ventajas frente a las computadoras tradicionales
Uno de los principales beneficios de esta tecnología es su impacto ambiental. Los chips actuales requieren procesos industriales costosos y contaminantes, mientras que los hongos pueden cultivarse de forma natural y biodegradable.
También presentan ventajas en términos de adaptabilidad: estos sistemas biológicos pueden autorrepararse y funcionar en entornos extremos, lo que los vuelve atractivos para aplicaciones en sensores o exploración.
Sin embargo, todavía están lejos de reemplazar a las computadoras actuales. Su velocidad de procesamiento es menor y el desarrollo recién está en una etapa experimental.
Aun así, la computación basada en hongos marca un cambio de paradigma: pasar de máquinas rígidas a sistemas vivos capaces de aprender, adaptarse y, potencialmente, revolucionar la forma en que entendemos la tecnología.
