En tiempos donde todo parece resolverse rápido, las relaciones parecen cocinarse a fuego acelerado. El ghosting, ese gesto de desaparecer sin explicaciones de un vínculo afectivo o amistoso, se convirtió en una práctica cada vez más común en la era digital. El psiquiatra y sexólogo Walter Ghedin lo define como una conducta que deja “bronca, desconcierto y culpa por creer que se dijo algo indebido”, y advierte que no solo ocurre en relaciones amorosas sino también en amistades que se cortan de un día para otro sin saber por qué.
El fenómeno no crece en el vacío, Argentina vive una hiperconexión que transforma la manera de vincularse. Según datos recientes, el 70,3% de la población usa redes sociales, más de 32 millones de personas, y el tiempo promedio dedicado a estas plataformas supera las 4 horas diarias . Este escenario potencia vínculos más “líquidos” y frágiles, como describe Ghedin, donde el contacto constante convive con la facilidad para desaparecer sin afrontar conversaciones incómodas. En paralelo, estudios indican que cerca del 65% de las personas reconoce haber sufrido ghosting, lo que refleja que la experiencia ya forma parte del paisaje afectivo contemporáneo.
Cuáles son las causas más comunes del ghosting
Para el especialista, las causas son múltiples. Una de las más frecuentes es la pérdida de interés en la relación, cuando se rompe la “paridad” que sostiene el vínculo amistoso. “La esencia debería seguir siendo la misma más allá de diferencias económicas o ideológicas”, explica, y agrega que el ghosteo suele ser gradual. Menos mensajes, menos encuentros, hasta que el lazo se enfría.
También influyen terceros, parejas que condicionan o entornos que presionan, y la creciente susceptibilidad emocional que hace que un comentario sea interpretado como un ataque personal. Por otro lado, el uso de las redes sociales también juega su papel.
Ghedin sostiene que muchas personas confunden contactos con amistades profundas, generando expectativas de compromiso que luego no se cumplen. Esa lógica alimenta la frustración y el recambio constante de vínculos. En un país donde la amistad tiene un valor cultural fuerte, desde el mate compartido hasta las largas charlas, la desaparición repentina puede sentirse como una afrenta directa, amplificando el dolor emocional.
Del lado de quien sufre el ghosting aparece el llamado “sesgo de negatividad”, la mente busca explicaciones en escenas mínimas o recuerdos ambiguos, intentando entender qué salió mal. “La persona repasa mentalmente cada detalle como si buscara el fotograma culpable”, describe Ghedin. Sin embargo, muchas veces no hay una causa concreta y el silencio del otro deja una sensación de vacío que resulta difícil de cerrar.
¿Qué hacer frente a esta dinámica?
El especialista sugiere priorizar la comunicación y recordar que toda relación implica responsabilidad compartida. “La oportunidad de hablar y aclarar siempre debe existir”, afirma, aunque también aconseja no caer en el auto reproche ni inventar explicaciones cuando no hay datos reales. En un contexto donde las relaciones se vuelven cada vez más rápidas, sostener la conversación y el respeto mutuo sigue siendo la receta más simple y efectiva para evitar vínculos descartables.
