Silvia Piceda y Sebastián Cuattromo se conocieron en 2012 en su lucha por romper el silencio alrededor del abuso sexual infantil. Ella buscaba proteger a su hija después de denunciar a su exmarido y él acababa de lograr una condena histórica contra el sacerdote que lo había abusado en su juventud. Compartían una misma convicción: que la violencia sexual contra niñas, niños y adolescentes no podía seguir siendo un asunto privado ni un tema tabú. En ese camino, se enamoraron, y hoy, 13 años después, esa historia de amor y militancia los encuentra en México, donde buscan aprovechar la visibilidad del Mundial de Fútbol para llevar su mensaje a millones de personas.
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Cuando sus historias se cruzaron, Silvia ya había aprendido que denunciar una violencia era apenas el comienzo. Dos años antes, se había enterado de que el hombre con quien tenía una hija de 11 años había sido denunciado por abuso sexual infantil por una hijastra. La advertencia llegó de boca de la propia víctima. Silvia acudió a la justicia buscando protección, pero lo que encontró fue algo muy distinto.
"Yo, inocentemente, pensé que eso era suficiente y que iba a haber un Poder Judicial que se iba a encargar de proteger a mi hija. Y lo que me encontré fue que el Poder Judicial dijo que éramos dos locas queriéndole arruinar la vida a un pobre tipo", recuerda, con indignación.
Aquella experiencia la obligó a revisar su propia historia, una muy dolorosa y que, quizás por eso mismo, había quedado enterrada. De niña, había sufrido abuso sexual y, como ocurre en el 80% de los casos, el abusador era parte de su entorno familiar. Ella lo había contado, pero nadie hizo nada. "Mi hija rescató mi infancia. Tuve que ir a buscar a esa niña que fui y entender cómo había llegado hasta ahí", reflexiona.
Mientras buscaba ayuda, comenzó a reunirse con otras madres protectoras, porque necesitaba encontrar personas que atravesaran situaciones similares. En esos encuentros, descubrió que lo que le había ocurrido no era una excepción sino una regla repetida en cientos de familias y entonces sintió la necesidad de hacer algo más.
También se encontró con una realidad que se calcaba una y otra vez. La de las madres que intentaban proteger a sus hijos e hijas y terminaban siendo puestas bajo sospecha. "Había una idea muy instalada de que las madres sabían y no hacían nada. Lo que yo veía era exactamente lo contrario: mamás que habían salido a defender a sus hijos, porque los chicos les habían contado lo que pasaba, y que eran recibidas con desconfianza por el sistema judicial", recuerda.
Para Silvia, detrás del fantasma de las falsas denuncias –que hoy se intenta instalar con fuerza desde algunos sectores– todavía persiste una enorme dificultad para reconocer la magnitud de la violencia sexual intrafamiliar.
En ese camino, alguien le habló de un joven “sobreviviente” que también estaba decidido a romper el silencio y a hacer pública su historia. Se trataba de Sebastián, quien había denunciado al sacerdote Fernando Picciochi por los abusos sexuales que sufrió a los 13 años, cuando era alumno del Colegio Marianista, del barrio porteño de Caballito, y que tras una larguísima batalla judicial había logrado una condena histórica.
Cuando Silvia y Sebastián cruzaron sus vidas, entendieron que compartían mucho más que su lucha. "Fue algo maravilloso porque además nos enamoramos", cuenta ella. "Encontré a un otro que en lugar de sentir que había que avergonzarse, esconderse o quedarse quieto, estaba diciendo exactamente lo mismo que yo, esto hay que sacarlo a la comunidad, visibilizarlo", describe.
Juntos empezaron a dar sus testimonios y a recibir llamadas, correos y nuevas historias. Personas de todo el país les decían lo mismo: “A mí me pasó”. De esa necesidad de escucha nació Adultxs por los Derechos de la Infancia, una organización que reúne a sobrevivientes de violencia sexual en la infancia, a personas protectoras de niños y niñas víctimas, y a referentes comunitarios de toda la Argentina. Ya llevan recorridos más de 200 mil kilómetros dando charlas y acompañaron a más de 10 mil personas.
"Nos llamamos sobrevivientes porque muchos compañeros y compañeras no llegaron hasta acá", explica Silvia. Y detalla que "la violencia sexual en la infancia es un trauma complejo", que genera "más riesgo de depresión, de problemas de consumo, de enfermedades y también de suicidio". Por eso, afirma: "Somos sobrevivientes porque atravesamos algo muy traumático. Pero también porque creemos que podemos transformar esa experiencia para ayudar a otros".
El fútbol como oportunidad
Ahora Silvia y Sebastián están en México y el escenario es uno de los eventos más masivos del planeta: el Mundial de Fútbol. La campaña “Cuidar la niñez es parte del juego” busca aprovechar la enorme visibilidad del torneo para instalar una conversación global sobre abuso sexual infantil, prevención y derechos de las infancias.
La iniciativa reúne a organizaciones de distintos países, sobrevivientes, universidades mexicanas, organismos públicos y colectivos de protección de la infancia. Entre ellas se encuentra Tauwetter, un espacio de sobrevivientes de violencia sexual con sede en Berlín que acompaña la iniciativa desde sus primeros pasos. A partir de ese apoyo, Silvia y Sebastián comenzaron a tejer una red internacional que hoy reúne a grupos de América Latina, Europa y África.
Según datos difundidos por la iniciativa, más de 393 millones de niñas y niños sufren abuso sexual en el mundo y más de 1.400 millones de personas adultas atravesaron algún tipo de violencia sexual durante su infancia.
Habrá actividades presenciales en Ciudad de México, Guadalajara, Hidalgo, Mérida y otros puntos del territorio mexicano. También, conferencias internacionales, encuentros comunitarios, capacitaciones para agentes de protección infantil y una campaña digital multilingüe. Y el sueño de poder llegar a las canchas.
"Si hay un espacio donde miles de millones de personas están convocadas, ese es el Mundial de fútbol", sostiene Silvia, y explica: "Queremos hablarles a todas esas compañeras y compañeros que todavía están en silencio, que todavía se sienten solos. Decirles: acá estamos. Y también movilizar al resto de la comunidad para que aprenda a prevenir, a escuchar y a acompañar".
La campaña no solo busca visibilizar la violencia sexual contra las infancias, sino también cuestionar una cultura que históricamente privilegió la mirada adulta por sobre la palabra de niñas, niños y adolescentes. Para Sebastián, romper el pacto de silenciamiento social alrededor de las violencias en la infancia implica que los adultos revisen sus propias prácticas y se animen a escuchar aquello que durante demasiado tiempo eligieron ignorar.
Parten de una idea simple: así como el fútbol habla de juego limpio dentro de la cancha, la sociedad también debería garantizar espacios seguros fuera de ella. "Los ámbitos deportivos y el fútbol en particular pueden y deben ser ámbitos de protección y cuidado", asegura Sebastián.
La propuesta incluye materiales educativos; recursos para familias, clubes deportivos y escuelas; la participación de sobrevivientes y la articulación con organizaciones de distintos continentes.
También se contempla la capacitación de agentes de protección infantil que trabajarán durante el Mundial en Guadalajara, bajo protocolos elaborados junto a UNICEF y organismos locales.
Romper el silencio
Adultxs por los Derechos de la Infancia nació hace más de una década y continúa funcionando de manera autogestionada, en tanto las actividades se sostienen gracias al trabajo voluntario y a redes solidarias. "El objetivo es visibilizar, contactar y dar esperanza. Queremos que alguien que entra por primera vez a nuestra página encuentre recursos, personas, organizaciones, y sepa que no está solo", resume Silvia.
Después de más de una década recorriendo escuelas, universidades, organizaciones sociales y medios de comunicación, ella y Sebastián vuelven a apostar por la misma convicción que los unió cuando se conocieron: que el silencio protege a los agresores, que las infancias necesitan adultos capaces de escuchar y que una palabra compartida puede cambiar una vida.
La de ellos cambió cuando decidieron hablar. Ahora, esperan que su voz llegue tan lejos como el Mundial.
