Fue gimnasta, estuvo en la Selección Argentina y tras el retiro eligió el arte: ahora muestra la verdadera cara del deporte y la salud mental

Gabriela Parigi fue una gimnasta argentina que tuvo un largo paso por la Selección Nacional. Desde chica practicó deporte, pero descubrió que su vida era mucho más que la competencia. Descubrió el arte y, desde allí, encontró una manera para contar su historia.

27 de febrero, 2026 | 06.00

En un mundo del deporte cada vez más marcado por la apatía y los discursos conformistas, son pocas las figuras que rompen el molde e incomodan con cuestiones que otros prefieren callar. Gabriela Parigi pone en cuestión construcciones alrededor del éxito, la salud y la competencia que parecen inquebrantables, pero que detrás esconden fracturas, literales y metafóricas, representadas sobre el escenario. Ahí se anima hablar de la poca salud del deporte competitivo y sus peligros.  La coautora y protagonista de la obra "Consagrada, el fracaso del éxito", practicó gimnasia artística de los 4 años hasta los 19. Todos ese tiempo marcó su vida con sus grandezas y sus fracasos que se retransformaron.

'Gabi'  hizo gimnasia artística desde los 4 años. A los cinco años se federó en la disciplina y con ocho ya era integrante de la Selección Argentina. Durante su trayectoria sumó participaciones en torneos sudamericanos, panamericanos e internacionales, incluidos los Juegos Mundiales de la Juventud en Rusia 1998. Sin embargo, una lesión de espalda y el ahogo dentro de un ambiente de competencia descarnada la llevó a acercarse al mundo artístico: "Pasar de ser deportista a artista fue una transición muy larga pero rotunda. Siempre me gustó imitar, maquillarme... Había algo de carácter teatral que me gustaba al estar en público. Al mismo tiempo, nunca tuve una faceta competitiva: era más sensible, más vulnerable y tuve que adaptarme al sistema que reina en el ambiente", dijo en charla con El Destape. 

Este paso, sin embargo, no fue fácil: antes, estudió para ser entrenadora con el objetivo de hacer las cosas diferentes desde adentro de la gimnasia, pero se volcó poco después a la actuación tras darse cuenta de que las contradicciones con sus valores pesaban mucho más. "Empecé a dar clases de acrobacia y de circo, y encontré más resonancia con lo que yo creo en esos espacios artísticos en lugar de los deportivos". Cuenta que su proceso fue de formación y de "deformación", al arrastrar cosas de la disciplina que chocaban con su nuevo camino: "Aprendí muchas cosas y tuve que deconstruir tantas otras, cosas sistemáticas que traía de la gimnasia artística".

Los traumas de su experiencia sobre vigas, barras y potros no fueron sólo físicos, y la acompañaron incluso en sus inicios en el teatro. "Estaba podrida de la sensación de poder lastimarme en cualquier momento", relata al recordar por qué no entró al mundo del circo en un primer momento. Después de salir "espantada" de academias de danza y comedia musical por el ambiente competitivo, una casualidad ("causalidad", dice ella) le mostró lo que quería hacer: "Una compañera hizo una muestra de acrobacia y verla bailar me partió la cabeza. Esa exhibición me hizo darme cuenta de que existía otra forma de habitar el circo".

Su experiencia en el teatro comenzó con una formación profesional en el circo La Arena y, gracias a una beca, en el Centro de Artes del Circo Le Lido en Toulouse, Francia. Desde hace diez años es parte de Proyecto Migra, un espacio cultural móvil y cooperativo que lleva adelante proyectos pedagógicos, artísticos, de gestión y de producción; una de las producciones es la obra "Un Domingo", de la cual ella participa. Consagrada, la obra que tuvo dos funciones el 17 y 24 de febrero en Avenida Corrientes y contada en clave de historia documental autobiográfica, no busca un mensaje cerrado y unidireccional, sino "poner luz y palabras a esos lugares legitimados y callados que rompen, reprimen y lastiman. La obra busca despertar preguntas o recuerdos que a cada uno y cada una se les despierten y estén escondidos en algún recoveco de su historia".

"Con Flor Micha (directora y coautora de Consagrada) queremos que sea una obra honesta, sincera, que pueda ser abierta a todo el público y no quede hermética y sea exclusiva para aquellos que practicaron el deporte. Estas lógicas de exigencia, de sacrificio y de ser productivos todo el tiempo están en la matriz misma de la sociedad y exceden a la gimnasia artística", comenta. Cada función (más de 180 desde el estreno de la obra en septiembre de 2021) permitió hacer crecer a los personajes que 'Gabi' encarna en su unipersonal, los cuales narran sus vivencias como deportista de alto rendimiento. "La obra ganó profundidad con el correr del tiempo, incluso aunque no haya cambiado la escritura o la toma de decisiones".

Las historias que representa ponen en jaque la idealización de la competencia, la causalidad casi automática entre deporte y salud (algo que, ella dice, resulta ser todo lo contrario) y el éxito deportivo como sinónimo de plenitud y felicidad. "Buscamos apelar a la infancia y a cómo habitamos los espacios de poder, qué discursos replicamos. Se pone también en reflexión la lógica del sacrificio y de tener que romperse (y estar dispuesto a mutilar partes de uno) en pos de ganar algo, y desmitificar ese espacio de podio como una autopista hacia la felicidad; muchas de las personas que llegamos a esos podios terminamos rotas y solas". La metáfora, a veces, cede ante la realidad: en los Juegos Olímpicos de París 2024, el jugador australiano de hockey Matt Dawson decidió amputarse parte de un dedo por una lesión que le impedía participar del certamen.

"Me resulta interesante también expresar que el dolor se puede reciclar, que se pueden hacer cosas diferentes con tu historia y que se puede resignificar junto con otra gente", cuenta Parigi, que también resalta las "sobremesas" de Consagrada: todas las devoluciones y comentarios que recibió del público contándole sus propias experiencias y que se reflejan en lo que muestra sobre el escenario.

Las gimnastas que saltaron el cerco del dolor

La protagonista de Consagrada analiza cómo las situaciones que cuenta en su unipersonal lograron perpetuarse con el correr de los años, aunque rescata que surgieron personalidades (como el caso de la gimnasta Simone Biles) que alzaron la voz frente a estos problemas: "Hay lógicas que se mantienen pero actualizadas al paradigma actual. También hay cuestiones relacionadas a la perspectiva de género, a la salud mental y a los cuidados que permiten reflexionar acerca de estas lógicas y prácticas abusivas respecto del cuidado del cuerpo y de la psiquis. Muchos deportistas y entrenadores pudimos decir cosas que sucedieron en el pasado y que reconocemos que no estaban bien, acompañados por movimientos sociales que echan luz sobre estas prácticas naturalizadas en el deporte". En su opinión, estas situaciones siguen sucediendo, pero hay un acompañamiento institucional que permite reconocerlas y actuar a tiempo.

Su obra toca una delicada etapa de la formación, particularmente en el deporte, en la que las frustraciones de los mayores se vuelcan y tornan la competencia aún más feroz: "La exigencia en la infancia sigue presente e incluso les exigimos cada vez más pidiéndoles que se adapten a lo que los adultos necesitan". La ex gimnasta opina que lo más importante de la competencia no es el competir en sí, sino "formar un juego, un código, una convención que no se lleve puesto todo: la psiquis de las personas o los valores a costa de ganar". "Los entrenadores tienen que tener las herramientas pedagógicas y los valores para transmitirle a los niños y adolescentes que forman", advierte.

Por último, Gabi Parigi habla sobre el rol de las redes sociales como un factor más a considerar en la formación y bienestar de los jóvenes deportistas, y deja una interesante reflexión para reinterpretar la noción del éxito: "Las redes dan una impunidad que requiere de una estructura emocional, de contención y de educación para no dejarse llevar por esas injusticias. Estaría bueno que haya una revolución cultural que permita mirar a los deportistas como seres humanos que se dedican, que lo dejan todo y que a veces les va mejor y, otras veces, peor" .