Las 5 condiciones que tienen que darse para que nieve en Buenos Aires: cuántas chances hay que suceda este invierno

Qué chances hay de que nieve en la Ciudad y el conurbano bonaerense este invierno 2026.

02 de julio, 2026 | 20.16

La ola polar volvió a instalar una pregunta que se repite cada invierno: ¿puede volver a nevar en Buenos Aires? Aunque las bajas temperaturas ayudan, el frío por sí solo no alcanza. Para que se produzca una nevada deben darse una serie de condiciones meteorológicas muy específicas que rara vez se presentan al mismo tiempo.

A diferencia de otras regiones del país donde las nevadas son habituales, la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense presentan características geográficas que juegan en contra de este fenómeno. La influencia del Río de la Plata y el calor que genera la propia urbanización hacen que, incluso durante las irrupciones de aire polar más intensas, las probabilidades de ver caer nieve sean muy bajas.

Son bajas las probabilidades de que vuelva a nevar en Buenos Aires como en el 2007.

Cuáles son las cinco condiciones que se tienen que dar para que nieve

La primera condición es el ingreso de una masa de aire polar muy intensa. No solo tiene que hacer frío en la superficie, sino también en las capas medias y altas de la atmósfera, donde se forman las precipitaciones. Incluso cuando el termómetro marca algunos grados por encima de cero a nivel del suelo, en las nubes la temperatura debe ser varios grados bajo cero para que puedan formarse copos de nieve.

A esto se suma otro factor clave que es el denominado nivel de congelación, el cual debe ubicarse muy cerca del suelo. Si esa capa se encuentra demasiado elevada, los copos comienzan a derretirse durante la caída y llegan convertidos en lluvia o agua nieve.

El frío tampoco es suficiente si no existe humedad en la atmósfera. Para que nieve debe haber nubes capaces de generar precipitaciones, por lo que es indispensable que coincidan temperaturas muy bajas, abundante humedad y lluvia o nieve al mismo tiempo.

Otro aspecto determinante es la sincronización entre el momento de mayor enfriamiento y la llegada de las precipitaciones. Si el aire polar entra demasiado temprano, cuando finalmente llueve la temperatura ya comenzó a subir. Si ocurre al revés, las precipitaciones caen antes de que el ambiente se enfríe lo suficiente. Esa ventana en la que coinciden todas las variables suele durar apenas unas horas.

Además, es necesario que exista un sistema atmosférico que genere las precipitaciones, como el pasaje de un frente frío o un centro de baja presión en altura. Sin ese mecanismo, aunque haya aire polar y humedad disponible, no se producirán nevadas.

El Río de la Plata actúa como un regulador térmico natural que eleva la temperatura del aire, mientras que la denominada isla de calor urbana, producida por edificios, asfalto y actividad humana, dificulta aún más que los copos lleguen al suelo sin derretirse.

Es por eso que, por más que durante este invierno se registren temperaturas muy bajas, las probabilidades de que vuelva a nevar en la Ciudad y el conurbano continúan siendo bajas.