Bandera blanca: Karina llamó a Bullrich para abrir un período de paz

Tras meses de operaciones y fuego cruzado, la secretaria general de la Presidencia inició el contacto para desactivar la interna. La fragilidad de Manuel Adorni y la necesidad de apalancarse en la imagen de la senadora forzaron una tregua táctica en la cúpula libertaria.

08 de abril, 2026 | 23.41

Después de un verano de extrema tensión, finalmente hubo un contacto telefónico entre Karina Milei y Patricia Bullrich. La conversación fue iniciada por la secretaria general de la Presidencia con un objetivo claro: retornar a una situación de paz dado el delicado contexto que atraviesa Manuel Adorni. El gesto no solo sirvió para explicitar el clima beligerante de los últimos meses, sino que funcionó como el primer reconocimiento, en la cúpula del poder, de la debilidad que envuelve al jefe de Gabinete.

"¿Cuándo arrancamos con la campaña?", cuentan que habría sido la frase que Karina le lanzó a Bullrich para volver a encarrilar el barco, aunque en el universo político nadie se atreve a pronosticar cuánto durará el clima cordial. El acercamiento obedeció directamente a la urgencia de encontrarle una salida al conflicto protagonizado por el jefe de Gabinete, un nombre que la orilla violeta proyectaba con fuerza para disputar la Ciudad de Buenos Aires y que hoy se encuentra bajo fuego.

Durante la charla, la hermana del Presidente buscó declarar la paz, lo que tácitamente reconoció la existencia de una guerra fría que, para el bullrichismo, siempre fue unilateral. Como contó El Destape, tras haber aceptado la candidatura a senadora —un paquete que incluía la postulación para la Jefatura de Gobierno porteña— la dirigenta empezó a sufrir una serie de publicaciones periodísticas orientadas a poner en duda su lealtad. Esa dinámica de desgaste se sostuvo durante todo el verano y recién se enfrió cuando estalló el escándalo de Adorni.

Pese a los ataques, en el entorno de Bullrich nunca dudaron de que la conducción libertaria eventualmente buscaría un acercamiento. Frente a un escenario de congelamiento y operaciones internas, la estrategia fue resistir sobre un activo innegable: la imagen positiva de Patricia, que en algunas encuestas incluso supera a la de Javier Milei. Un capital político que funciona como seguro de vida: sirve para evitar golpes innecesarios —o para que quienes los perpetren deban pagar un costo político— y permite que la senadora actúe como una candidata comodín allí donde el oficialismo la necesite.

Por eso, los esfuerzos bullrichistas se concentraron en replicar la exitosa dinámica de la campaña 2023: territorio, presencia en actos y un vínculo estrecho con la gente. Al carecer de un puesto de gestión que funcione como vidriera, la legisladora se enfocó en sostener su popularidad bajo la premisa de que, tarde o temprano, el Gobierno iba a golpear su puerta.

Ese poder de la imagen positiva ya se había cristalizado días atrás, cuando el propio Adorni buscó una foto con la senadora para intentar frenar su caída. Aquella instantánea no solo tuvo la intención de ser un salvavidas para el funcionario, sino que sirvió para ratificar la lealtad de Bullrich al proyecto. Fue una muestra más en una larga seguidilla de "gestos de amor" hacia los hermanos Milei: el acompañamiento en el balotaje 2023, el desembarco en el Ministerio de Seguridad pese a no ser su deseo original, la ruptura con el PRO, su afiliación a La Libertad Avanza y la última candidatura legislativa.

Mientras la tregua se asienta, en la Ciudad de Buenos Aires persiste uno de los grandes misterios: la actitud que adoptará el PRO frente al escenario electoral de 2027. Con múltiples negociaciones abiertas en simultáneo, el partido amarillo se mueve entre opciones que van desde formar un gran frente opositor a los libertarios y el kirchnerismo, hasta la reedición de una alianza con los violetas.