La Magíster en Estrategia y Geopolítica de la Universidad Magíster en Estrategia y Geopolítica de la Universidad de la Defensa Nacional, Mariana Altieri, sostiene que para recuperar Islas Malvinas debemos aumentar las capacidades de la Defensa y la presencia militar en el Atlántico Sur con el fin de encarecer los costos de la ocupación británica, al tiempo que restablecemos el intercambio entre las islas y el continente, sin embargo esta estrategia no tiene fuerza sino desarrollamos la Patagonia.
"Antes de la guerra se debatía en la sociedad civil acerca de las formas de recuperar Malvinas, hoy vemos un descreimiento. Hay una resignación a la idea de que ya las perdimos", aseguró en una entrevista con El Destape. La especialista en geopolítica y autora del libro Malvinas y Gibraltar: Conflictos atrincherados explicó que Reino Unido aisló a la población de las islas del contacto con Argentina.
- ¿Qué es el aislamiento artificial y por qué considerás que se da en Malvinas?
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- Junto a Ezequiel Magnani. comenzamos a tratar el tema Malvinas. Yo traigo el concepto de aislamiento artificial y él trae el de defensa revisionista. El concepto de aislamiento artificial significa que las Islas a lo largo de casi toda su historia están aisladas de una dinámica cotidiana con el territorio continental. Es decir, se mantiene un aislamiento artificial de las dinámicas de habitabilidad, de desarrollo, de economía, de relaciones sociales de las islas en función del continente. Y eso se da de forma artificial debido a la ocupación británica de las islas. En algún momento de nuestra historia no fue así.
- ¿Quién mantiene ese aislamiento? ¿Qué intereses hay detrás?
- Gran Bretaña y el gobierno británico de las islas. El aislamiento es artificial para sostener un relato que crea una nacionalidad isleña ad hoc que es artificial también. La idea del isleño que tiene pertenencia al territorio por las generaciones anteriores y es antiargentino porque hay un relato de hostilidad de la Argentina hacia las islas basado solamente en el conflicto bélico del 82, cuando en realidad en toda la historia anterior las vinculaciones que hubo de las islas con el continente fueron muy provechosas para las islas.
- ¿Cuándo hubo vinculación entre la Argentina y las islas?
- En los años 70 cuando Argentina acuerda con el Reino Unido en el marco de la ONU facilitar las condiciones de vida de los isleños. Ellos tenían condiciones de vida paupérrimas, se calentaban con turba, no tenían acceso a alimentos frescos, se comunicaban solamente vía barco. El Gobierno argentino llega con YPF y gas del Estado, hace la pista de aviación, llevamos maestras de español, y la recuperación de nuestra cultura que aun subsistía en las islas, a pesar de la ocupación. El intercambio florece de inmediato y se vuelve muy fluido, familias cruzadas, vienen a estudiar a las universidades del continente, atenderse en los centros médicos del continente. Sin embargo, persiste un núcleo duro de isleños con interese económico muy claros que resisten la cooperación con Argentina, lo mismo pasa en el Reino Unido, especialmente desde que se conoce la posibilidad de explotación de petróleo en las aguas alrededor de las islas. La guerra les da la excusa perfecta para cortar todo el relacionamiento con la Argentina.
Las Islas Malvinas son consideradas uno de los territorios más militarizados del mundo. Existe un soldado por cada dos habitantes.
- ¿Cómo funciona el sistema político en las islas Malvinas hoy?
- Malvinas, como otros territorios de ultramar británicos —lo que antes eran colonias—, tiene un esquema de autogobierno limitado. Hay una población implantada por el Reino Unido que se autodenomina “kelper” o isleña, y que administra los asuntos internos: tienen un parlamento, autoridades locales, incluso una suerte de primer ministro. Pero ese autogobierno es parcial. La defensa y las relaciones exteriores están en manos de un gobernador designado por la Corona británica. Es decir, las decisiones estratégicas siguen dependiendo directamente del Reino Unido.
- En términos económicos, ¿quién controla los recursos de las islas?
- Los isleños administran la economía local y, en particular, otorgan licencias de pesca. Hay una empresa clave, la Falkland Islands Company (FIC), que gestiona buena parte de la actividad económica. Está integrada por capitales británicos y también por algunos isleños. Eso genera diferencias internas: no todos tienen el mismo nivel de ingresos, no es una sociedad homogénea.
- ¿Quiénes son los principales actores en la explotación pesquera?
- Uno de los grandes operadores son empresas españolas. Gran parte del calamar que se pesca en la zona —especialmente el calamar ilex, muy demandado— termina en puertos como Vigo. De hecho, en supermercados de España es común encontrar productos que provienen de esa zona, aunque muchas veces no se explicite claramente su origen en términos de disputa de soberanía.
- Desde Argentina, ¿cómo debería leerse el rol de los isleños? ¿Son un actor autónomo?
- Argentina tiende a hablar directamente del Reino Unido, porque entiende que los isleños forman parte de la ocupación británica. La diferenciación excesiva entre “isleños” y “británicos” es parte de una estrategia política del Reino Unido. Los isleños buscan presentarse como un actor autónomo que elige ser británico, pero en la práctica son parte del mismo esquema de poder.
- ¿Qué herramientas legales tiene Argentina frente a la explotación económica de las islas?
- Depende de la estrategia. Durante el gobierno de Cristina Kirchner se impulsaron leyes —algunas desde Tierra del Fuego— para sancionar a empresas que operaran en Malvinas en pesca o petróleo y luego quisieran hacerlo en territorio argentino. Eso tuvo cierto impacto, pero quedó a medio camino: las sanciones no se actualizaron y hoy son poco significativas.
- También hubo medidas regionales, ¿no?
- Sí. En su momento, países de la región —en el marco de UNASUR o CELAC— limitaron el acceso a puertos de barcos vinculados a Malvinas. El problema es que esas medidas son fáciles de eludir, por ejemplo cambiando la bandera del buque. Tuvieron más impacto simbólico que material.
- Entonces, ¿qué le falta a la estrategia argentina?
-Sostener una política en el tiempo y, sobre todo, generar incentivos. Argentina muchas veces le reclama a países como Uruguay, Brasil o Chile que no colaboren con Malvinas, pero no les ofrece alternativas concretas. Si no hay incentivos económicos o políticos, es muy difícil que esos países dejen de operar con las islas.
- ¿Qué podría hacer Argentina en concreto?
- Una clave es desarrollar el Atlántico Sur. Argentina no puede otorgar licencias en Malvinas, pero sí puede hacerlo en su zona económica exclusiva. Hoy hay un problema muy visible en la milla 201, donde hay pesca no regulada. Muchos barcos —por ejemplo chinos— operan ahí y no pescan en Malvinas justamente porque no reconocen las licencias británicas. La pregunta es: ¿qué incentivos les damos para que pesquen dentro de jurisdicción argentina y paguen licencias acá?
- ¿Eso implicaría una política más activa de desarrollo marítimo?
- Exactamente. Argentina tiene una enorme riqueza en el mar —lo que se llama “Pampa Azul”— que está subexplotada. Desarrollar esa capacidad no solo genera divisas, sino que también es una forma de presión sobre la ocupación británica.
- Ahí aparece el concepto que ustedes trabajan de “defensa revisionista”. ¿De qué se trata?
- La idea es generar costos a la ocupación. Hoy para el Reino Unido es muy barato sostener Malvinas porque Argentina no representa una presión real. No se trata de una lógica bélica, sino de disuasión: tener capacidades militares, presencia en el Atlántico Sur, desarrollo logístico. Si la ocupación empieza a ser costosa, aparecen incentivos para negociar.
- ¿Cómo debería posicionarse Argentina frente a los isleños en ese sentido?
- Nosotros creemos que no son el enemigo. Son una comunidad que vive en territorio argentino bajo ocupación británica. Entonces, hay dos caminos: o pensás en una solución expulsiva —que implicaría que se vayan—, o construís una estrategia de integración gradual. Nosotros creemos en esta segunda opción.
- ¿Existen casos comparables al de Malvinas en la experiencia británica?
- No exactamente. Cada caso es bastante particular. Gibraltar, por ejemplo, fue cedido por tratado. Hong Kong también tuvo un proceso distinto, donde China logró la devolución a partir de una negociación basada en su poder económico y político. El caso más parecido en términos de expulsión de población podría ser Chagos, en Mauricio, donde hay una expulsión de la población pero ahí no hubo implantación de población civil como en Malvinas.
- ¿Y el valor geopolítico de Malvinas? ¿Está vinculado a la Antártida?
- Sí, pero no exclusivamente. A lo largo de la historia, el valor principal estuvo en los recursos naturales. Hoy también es clave como base logística en el Atlántico Sur y como punto de proyección hacia la Antártida. Forma parte de una red global de posiciones británicas.
- Para cerrar, ¿cómo debería pensarse la estrategia argentina a largo plazo?
- Como una política integral. Desarrollo del Atlántico Sur, fortalecimiento de la Patagonia, capacidades de defensa, incentivos económicos en la región y, al mismo tiempo, apertura hacia los isleños. Sin desarrollo propio, el reclamo pierde fuerza. Y sin generar costos a la ocupación, el Reino Unido no tiene ningún incentivo para negociar.
