Lo que está en juego es mucho más que una discusión salarial. Lo marca la presión que comenzó a desatar la cámara que nuclea a las cerealeras más grandes del planeta, Louis Dreyfus, Cargill, Bunge, COFCO y Aceitera General Deheza. Como si supiera que va camino a una derrota o estuviera clamando por una intervención agresiva del gobierno de Javier Milei, CIARA-CEC, que tiene como representante máximo a Gustavo Idigoras, se anticipó dos semanas al fin de la conciliación obligatoria que dictó el ministerio de Capital Humano.
La paritaria de un sector de altísima rentabilidad, que representa al 48% de las exportaciones argentinas, está vencida. El sindicato de Aceiteros reclama un 20% de aumento y parece dispuesto a insistir con el paro por tiempo indeterminado que lanzó a fines de mayo. Nadie espera que el 24 de junio llegue un acuerdo y las partes se preparan para lo que puede convertirse en un choque de trenes. Al final del trimestre de oro, el gobierno de extrema derecha depende de la liquidación de las cerealeras para llegar con aire al año electoral en el que Luis Caputo II debe afrontar una montaña de vencimientos de deuda, herencia de Luis Caputo I.
Con cierta lógica, las cerealeras quieren aprovechar el cuarto de hora de Milei en el poder para frenar el ascenso de un sindicato clasista que surgió de las entrañas del monstruo oleaginoso. Tal vez sea tarde. La Federación de Trabajadores del Complejo Industrial Oleaginoso, Desmotadores de Algodón y Afines de la República Argentina es el error en la Matrix del país sojero. Un sindicato que nuclea a 20 mil trabajadores entrenados en huelgas prolongadas, con los salarios más altos de la Argentina y presencia estratégica en los puertos del Gran Rosario, donde late el corazón del agronegocio argentino.
La negociación paritaria llega en un momento bisagra para el negocio exportador y para el gobierno de Milei. Cuando la vía troncal conocida como Hidrovía está a punto de ser adjudicada por un período de 25 años a la belga Jan De Nul -respaldada por CIARA-CEC- y cuando el plan presidencial se topa con dificultades enormes para recrear expectativas en la población. Enfrentadas a las grandes petroleras que resisten el biocombustible y alineadas con el proyecto que promueve Patricia Bullrich, las cerealeras quieren dar un salto que incluye la privatización del Belgrano Cargas, una concesión de medio siglo y ganancias fabulosas.
MÁS INFO
En las últimas horas, la cámara patronal hizo circular un planteo que publicó sin filtró el diario La Capital de Rosario, propiedad de Gustavo Scaglione. En una extensa nota sin firma, el diario del empresario rosarino que este año compró Telefé asociado a José Luis Manzano apunta contra Daniel Yofra, el líder nacional del sindicato de Aceiteros, dice que el paro tiene trasfondo político y difunde números sobre el supuesto flujo millonario que los gremios administran. La nota repite palabras como “alarmas”, “sospechas”, “inquietud” y cuestiona a Yofra por querer cambiar el modelo económico de Milei y defender al sindicalista de la UOM Abel Furlan después de la intervención judicial que pretende desalojarlo de la conducción de su gremio. Aceiteros no está solo: fue el gran artífice del Plenario del Frente de Sindicatos Unidos que el 1 de mayo reunió a delegados de 140 gremios nucleados en las tres centrales para aprobar un programa de gobierno que confronta con el de Milei.
En un tono tenebroso, la nota sin firma de La Capital menciona algo central: dice que el concepto de salario mínimo del que habla Yofra desde hace 20 años se quedó sin fundamentos. Ese último aspecto ya de por sí da cuenta de una victoria crucial del sindicato, el criterio que rige las negociaciones paritarias del sector desde que Yofra es el líder de los Aceiteros.
El sindicato no discute los sueldos a partir del índice de inflación del INDEC sino a partir de otra variables: lo que sus afiliados necesitan para cubrir las nueve necesidades vitales que establecen el artículo 14 bis de la Constitución Nacional y el 116 de la Ley de Contrato de Trabajo: alimentación adecuada ($648.271); vivienda digna ($568.227); educación ($252.457); vestimenta ($147.595); salud ($349.332); transporte, esparcimiento y vacaciones ($597.209); y previsión social ($316.786). Así el salario mínimo vital y móvil hoy debería estar en $2.879.877, ocho veces por encima de su valor actual, que es el más bajo de la historia argentina incluso desde antes de que Milei llegara al poder.
MÁS INFO
La historia de Yofra y el sindicato que pone nervioso a gran parte del poder económico está contada en un libro de Pablo Waisberg, que editó la Federación y se titula “Aceiteros, una lucha por el salario, la democracia obrera y la conciencia de clase”. Ahí, Yofra cuenta en primera persona lo que considera el punto de quiebre: 2003, cuando él y su grupo más cercano conocieron al abogado laboralista Horacio Zamboni. “Él nos ayudó a ver la potencialidad que teníamos”, dice. Yofra entró a trabajar al sector Extracción de Aceite en la multinacional Dreyfus en 1992, cuando tenía 24 años. Ingresó en la planta de General Lagos, Santa Fe, la más importante del mudo por volumen de producción, y muy poco después se convirtió en delegado sindical. Ese mismo año, la cerealera creada en 1833 inauguró en el río Paraná el primer puerto con planta procesadora de semillas que se ponía en marcha en todo el planeta. Fue un proceso muy largo. “Tuvimos que enfrentar al poder económico, al político y a la burocracia sindical”, dice Yofra, que además repite la historia porque está convencido de que el objetivo común de las grandes empresas es hacer invisible una experiencia exitosa del sindicalismo argentino para evitar el efecto contagio. “Cuando se pelea, se puede ganar”, insiste en todos lados en donde puede.
La huelga más larga de los aceiteros fue contra el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, cuando Axel Kicillof era ministro de Economía, y se extendió por 25 días. Durante el gobierno de Alberto Fernández, otra medida de fuerza que llevaron adelante sus afiliados se prolongó por 20 días. A un lado y al otro de la mesa paritaria, saben que Milei no ayuda a la conciliación de clases: al contrario, promueve una guerra.
El poderoso sindicato aceitero y la cámara que nuclea a las multinacionales sojeras se conocen mucho. Llevan más de dos décadas acordando paritarias, pero la que se discute en este 2026 los muestra de momento muy enfrentados. Los números que difunden las partes son opuestos en todo sentido. CIARA-CEC compara el salario de los Aceiteros con lo que gana el promedio de los trabajadores del sector privado, como si quisiera obviar la realidad que tiene frente a sus narices: una organización fuerte y decidida en un sector estratégico. A eso le suman otra comparación: dicen que entre noviembre de 2023 y mayo de 2026, el salario aceitero aumentó 361%, el IPC 299%, el dólar 304% y la soja en pesos 179%. Por último, remarcan, que en el primer trimestre de 2026, la molienda acumulada de soja fue 9% menor que en el mismo período de 2025.
Los sindicatos hacen otra cuenta. Apuntan a las ganancias millonarias de las cerealeras y dicen que, desde que asumió Milei, las patronales tuvieron un beneficio adicional de 3740 millones de dólares “Sólo con esa ganancia extraordinaria, pueden pagarnos al menos 5 años de salarios de todos los aceiteros. Pero no ofrecen un peso de aumento para nosotros, los trabajadores, que producimos la ganancia que ellos acumulan”, replican los informes del sindicato. Además, afirman que en 2025 se batieron récords de producción procesamiento de soja y girasol, de 183 toneladas por mes a 191 toneladas por mes por trabajador sin aumento en la dotación de personal.
Es un caso testigo. Tiene al gobierno y al poder económico pendientes de su resolución. También al sindicalismo organizado que está lejos de cualquier mesa de diálogo con Milei.
