Mauricio Macri está a horas de embarcarse rumbo al Mundial pero antes dejó el escenario político agitado en torno a sus próximos movimientos. Previo a partir hacia Estados Unidos renovó sus críticas al Gobierno, encabezó una cena con empresarios y volvió a jugar con la posibilidad de una candidatura.
“Está muy bien lo que hace porque revivió el partido”, celebran en su entorno sobre la renovada centralidad política que el expresidente recuperó este año. "Está dosificando las definiciones", resumen. Este martes participó de la convención anual de la Cámara Argentina de la Construcción, uno de los sectores más golpeados por la economía libertaria. Más tarde cenó con el consejo ejecutivo de la entidad, una de las pocas del G6 que mantiene cuestionamientos públicos a Javier Milei.
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Entre tiras de asado, papas fritas y ensalada de rúcula, los empresarios buscaron conocer de primera mano cuáles son los planes políticos de Macri. “Coqueteó con la idea de una candidatura. El ex presidente de Colombia, Iván Duque, lo alentó a competir y le dijo: ‘Ahora tenés que jugar’. Pero Mauricio respondió que todavía hay que esperar”, contó uno de los comensales de la cena en Happening.
En la intimidad de la reunión, Macri fue especialmente crítico con Karina Milei. Según relató ante los empresarios, la secretaria general de la Presidencia bloqueó todos los puntos de acuerdo que el ex mandatario alcanzaba con Javier Milei en sus reuniones en Olivos. “A Milei le obsesiona la economía. Te reunís con él y sobre el resto de los temas te dice a todo que sí, pero después ella es todo que no”, reprodujo otro de los presentes, cuando ya servían queso y dulce de postre.
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Pese a las diferencias, Macri reafirmó que considera correcto el rumbo económico del Gobierno, aunque insistió en la necesidad de sostener la inversión estatal. Más tarde, durante su exposición en La Rural, profundizó esa idea: “Este gobierno hizo algo muy bueno, que fue lograr el equilibrio fiscal. Ahora parece que eso ya no se va a discutir más. Pero todos sabemos —y ustedes lo notan— que es un equilibrio fiscal de mala calidad, porque un país que no sostiene su infraestructura se está descapitalizando”.
También pidió que todos los candidatos presidenciales del próximo año se comprometan a mantener el equilibrio fiscal. “Lo que viene después es una reforma de segundo orden. Los Estados tienen que reformularse para que el gasto se reduzca a una expresión mucho más baja y se destine a inversiones que faciliten el crecimiento”, repitió tanto en público como en privado.
“La primera infraestructura que debería priorizar un país con nuestros niveles de pobreza es aquella que amplía la capacidad de producción y de generación de empleo”, resumió. Quienes lo escucharon señalaron que el expresidente se mostró especialmente preocupado por el deterioro del empleo y la falta de desarrollo, a pesar de las expectativas que generan sectores como la energía y la minería.
Desde la Cámara de la Construcción explicaron que la invitación respondió también a la intención de exhibir a un dirigente de derecha con una mirada distinta a la del oficialismo. “Vemos a un expresidente que habla de inversión pública y que marca diferencias con el Gobierno”, resumieron. No contemplaron convocar a dirigentes del peronismo.
En otro tramo de su discurso, Macri volvió a cuestionar a la administración libertaria por temas vinculados a la transparencia. “Seguimos cayendo en los rankings de ética y transparencia”, advirtió, y apuntó contra “los líderes narcisistas”.
En un contexto en el que Luis Caputo mantiene diálogo sólo con la UIA y un puñado de entidades empresarias, Macri también cuestionó la ausencia de ámbitos de articulación entre el Estado y el sector privado. “Hoy falta un espacio como la mesa del fracking para coordinar sectores. Hace falta que el Estado articule el desarrollo urbano, que alguien planifique. Falta un espacio de debate que está claro que no va a suceder. La Argentina perdió capacidad de coordinación estatal”, afirmó.
Y concluyó con una defensa de la obra pública: “No pueden quedarse con la idea de que la obra pública es sinónimo de corrupción. Eso no es cierto”.
