Para muchos conductores actuales resulta difícil imaginar un auto sin dirección asistida. Basta con mover suavemente el volante para colocar el vehículo en una cochera, realizar una maniobra cerrada o circular por una calle angosta. En los vehículos antiguos la situación era muy diferente.
La dirección dependía exclusivamente de la fuerza que el conductor aplicaba sobre el volante. A baja velocidad y con el auto detenido, especialmente en vehículos pesados, mover las ruedas podía exigir un esfuerzo considerable. La solución fue incorporar un sistema capaz de ayudar al conductor a girar las ruedas.
Aunque existieron desarrollos anteriores, la dirección asistida comenzó a popularizarse en la industria automotriz durante la década de 1950. Uno de los primeros modelos de producción masiva en ofrecerla fue el Chrysler Imperial de 1951, mediante un sistema denominado Hydraguide. Con el paso de los años, la tecnología llegó a vehículos cada vez más económicos hasta convertirse en algo habitual.
¿Cómo funciona la dirección asistida en los autos?
La dirección asistida no significa que el auto maneje por sí mismo. El conductor continúa determinando cuánto y hacia dónde girar, pero un mecanismo adicional reduce el esfuerzo necesario para hacerlo. Durante décadas, la solución dominante fue la dirección hidráulica.
Una bomba impulsada por el motor mantiene presurizado un fluido que proporciona asistencia cuando se mueve el volante. El resultado es una dirección considerablemente más liviana que una completamente mecánica. Posteriormente apareció la dirección electrohidráulica, que reemplazó determinados componentes accionados directamente por el motor por soluciones eléctricas.
Pero la gran evolución moderna es la dirección asistida eléctrica, conocida como EPS por sus siglas en inglés. En lugar de utilizar permanentemente una bomba hidráulica, incorpora un motor eléctrico que proporciona asistencia según las necesidades. Esto permite reducir pérdidas de energía y, además, controlar electrónicamente cuánto debe asistir la dirección.
Por ejemplo, al estacionar puede proporcionar una ayuda importante para que el volante resulte liviano. A velocidades elevadas, la asistencia puede disminuir para ofrecer una sensación más firme y evitar movimientos excesivamente bruscos.
¿Por qué se volvió tan importante?
La primera ventaja es evidente: comodidad.
Estacionar, realizar giros cerrados y maniobrar en ciudad requiere mucho menos esfuerzo. Pero también existe un componente relacionado con la seguridad y el control del vehículo. Una dirección correctamente calibrada permite efectuar maniobras rápidas con mayor facilidad y reduce el esfuerzo físico necesario para mantener el control.
Además, la dirección eléctrica abrió la puerta a tecnologías mucho más avanzadas. Sistemas como el mantenimiento de carril o determinados asistentes de estacionamiento pueden aplicar pequeñas correcciones sobre la dirección gracias a la presencia de actuadores eléctricos y controles electrónicos.
Eso explica por qué actualmente la tecnología tiene una importancia que va mucho más allá de simplemente “ablandar” el volante. Sin embargo, también requiere mantenimiento y atención. Una dirección excesivamente pesada, ruidos al girar, vibraciones o testigos encendidos en el tablero pueden indicar una falla y deberían ser revisados.
La dirección asistida pasó así de ser un equipamiento reservado para vehículos caros a convertirse en un componente prácticamente inseparable del automóvil moderno. Después de décadas de evolución, cambió la forma de estacionar, maniobrar y controlar un vehículo. Y con la llegada de los sistemas eléctricos y las asistencias avanzadas a la conducción, su importancia es hoy incluso mayor que cuando fue creada.
