Cata a ciegas en San Isidro: una experiencia para afinar los sentidos y animarse a jugar con el vino

El bar Cala propone una degustación distinta en su espacio privado: cinco vinos sin etiqueta, guiados paso a paso y con maridaje. Una invitación a probar sin prejuicios y descubrir qué hay detrás de cada copa.

09 de abril, 2026 | 14.18

En un mundo donde muchas veces elegimos el vino por la etiqueta, el precio o la bodega, hay experiencias que invitan a hacer exactamente lo contrario: dejar de mirar y empezar a sentir. Las catas a ciegas apuntan justamente a eso: despojar al vino de su nombre y enfrentarlo con el paladar. El miércoles 15 a las 20, esa lógica se traslada a una propuesta concreta: una cata a ciegas con cupos limitados que se realizará en La Caverna, el espacio privado de Cala, un bar ubicado en Av. Primera Junta 702 (San Isidro) con una impronta más sensorial que gastronómica.

La dinámica es simple, pero no por eso menos desafiante. Cinco vinos —en este caso de la bodega Oveja Negra— se sirven sin revelar su identidad. A partir de ahí, la experiencia se estructura en cinco pasos guiados: vista, nariz, boca, retrogusto y, recién al final, la revelación.

Lejos de ser una clase técnica, la propuesta busca que cada participante pueda construir su propio recorrido. No hace falta saber de vinos: alcanza con animarse a describir lo que uno percibe, comparar sensaciones y, sobre todo, sacarse de encima el prejuicio de “acertar”.

La tendencia de las catas a ciegas crece porque cambia el eje: ya no importa tanto cuánto sabés, sino cuánto percibís. Y en ese ejercicio, muchas veces aparecen sorpresas. Vinos que uno no hubiera elegido, aromas inesperados o preferencias que no coinciden con lo que indicaría la lógica. Al final, la revelación de cada etiqueta no es tanto un examen aprobado o desaprobado, sino una excusa para volver sobre lo probado y entender por qué nos gustó —o no— cada vino.

La conducción estará a cargo de Emilia Bereilh, que guiará la degustación en vivo y propondrá claves para interpretar cada copa sin volverlo solemne. La idea es que el proceso sea dinámico y accesible, más cercano a un juego que a una cátedra. Además, cada instancia estará acompañada por pasos del menú del lugar. En línea con el concepto del bar, donde la coctelería y la cocina dialogan desde el origen, el maridaje no aparece como un agregado sino como parte de la experiencia.

Ahí es donde el entorno también juega su papel. Cala no es un bar tradicional: combina una estética inspirada en el Mediterráneo —con piedra, luces tenues y una atmósfera inmersiva— con una propuesta que busca que el cliente “entre y se desconecte”. En ese contexto, La Caverna funciona como un espacio más íntimo, pensado justamente para este tipo de encuentros.

La propuesta del bar se define como una fusión de sabores mediterráneos con un guiño argentino. Pero no se trata solo de una inspiración conceptual. En Cala la experiencia fue pensada para ser integral: desde el primer contacto con el espacio hasta el último sorbo. Bradley Jacobi, socio y también creador del menú de coctelería de autor y clásicos, incorpora técnicas de precisión y vanguardia. “Con mis socios, Federico Fernández y Matías Ghis, nos fuimos sintiendo siempre representados por elementos sueltos: la piedra, el agua, el mar, la sal, el viento, la marea. Todo eso, en conjunto, fue ordenando de a poco una idea que desembocó en Cala”, explica.

La conexión entre barra y cocina es uno de los pilares del proyecto. Cada cóctel tiene su maridaje gastronómico y no al revés. “El cóctel te recomienda el plato”, cuenta Bradley generando una experiencia de maridaje pensada desde el origen. Y explica: “Nuestra idea fue mandar un mensaje al cliente, de manera indirecta, para que cuando vea el menú de la barra, cada cóctel tenga una vinculación sugerida con la cocina. Y eso, de alguna forma, le dice al cliente: estás en un bar”.

Detrás de la cocina está Gastón Storace, un chef de larga trayectoria en el Teatro Colón, que ideó una carta con identidad propia: “Busqué que cada plato tenga una impronta simple, honesta, con raíz mediterránea, en donde el producto sea el protagonista y los sabores remitan directamente al mar”, explica. “No es solo venir a tomar algo. Buscamos acompañar cada trago con una gastronomía de alto nivel”, resume el chef Storace.