El atraso cambiario erosiona el comercio, mientras sigue la fiesta del courier

Mientras la mayoría de las monedas emergentes se depreciaron por el conflicto en Medio Oriente, el peso argentino se apreció y consolidó estrategias de carry trade.

01 de abril, 2026 | 15.35

El peso argentino se movió en sentido contrario al resto de las monedas emergentes desde el estallido del conflicto en Medio Oriente. En un escenario global marcado por la incertidumbre y la salida de capitales de economías en desarrollo, la divisa local mostró una apreciación en términos nominales, acompañada por una baja de tasas en moneda local. La dinámica contrasta con el comportamiento predominante en otros países comparables lo que hace que se pierda cada vez más competitividad de las exportaciones, pese a lo que asegure el equipo económico que conduce el ministro Luis Caputo. 

De acuerdo con un informe de la consultora Facimex Valores, Argentina se destacó como un caso atípico dentro de una muestra de 24 economías emergentes relevadas entre el 27 de febrero y el 27 de marzo. “Tanto el tipo de cambio como las tasas en moneda local mostraron una evolución atípica desde el inicio de la guerra en Medio Oriente”, señala el documento que consignó la agencia Bloomberg. En ese período, el peso fue la moneda que más se apreció y el mercado local encabezó la compresión de tasas.

El documento agrega que “Argentina ofreció el mejor carry trade de emergentes desde que se inició el conflicto”, en un contexto donde el dólar se abarató en términos relativos y las tasas en pesos descendieron. Esto explica el ingreso de dólares de las semanas anteriores. Esta combinación, que favorece el ingreso de capitales financieros de corto plazo, se consolidó como un rasgo distintivo frente al resto del universo emergente.

En la mediana de los países analizados, las tasas en moneda local subieron 50 puntos básicos, mientras que los tipos de cambio registraron una depreciación promedio del 4 por ciento. En América Latina, la tendencia fue similar: subas de tasas de 48 puntos básicos y depreciación cambiaria del 4,6 por ciento. “La dinámica predominante fue de suba de tasas en moneda local y depreciación cambiaria, en línea con un entorno global más adverso”, indica Facimex.

El contraste incluye casos como Brasil, México o Chile, que registraron depreciaciones cambiarias y endurecimiento monetario. Incluso economías con menor volatilidad histórica, como Corea del Sur o Malasia, se alinearon con ese patrón. Argentina, en cambio, se desmarcó con una apreciación del peso y una caída de 241 puntos básicos en las tasas locales.

El efecto de ser cabeza dura

Este comportamiento tiene efectos directos sobre la competitividad externa. La apreciación del tipo de cambio real encarece los bienes y servicios producidos localmente en comparación con los de otros países, lo que impacta en la capacidad exportadora. Sectores orientados al comercio exterior enfrentan mayores dificultades para sostener precios en mercados internacionales, en un contexto donde sus competidores operan con monedas más depreciadas.

Por el contrario, mejora el frente importador. Un tipo de cambio relativamente bajo incentiva la demanda de bienes del exterior, tanto para consumo como para producción. Sin embargo, los datos recientes muestran una recomposición particular: crecen las importaciones de bienes finales mientras retroceden los componentes asociados a la actividad productiva.

Según el INDEC, las importaciones totales alcanzaron en febrero los 5.174 millones de dólares, con una caída interanual del 11,8 por ciento. El organismo detalla que la contracción se explicó por una baja del 14,9 por ciento en las cantidades, parcialmente compensada por un aumento del 3,7  por ciento en los precios.

Dentro de ese agregado, el rubro “resto de importaciones” —que incluye compras de particulares bajo el régimen puerta a puerta— mostró una dinámica opuesta. Ese segmento totalizó 96 millones de dólares y registró “un aumento de 115,9 por ciento interanual”. El propio informe subraya que “todos los usos bajaron excepto resto, que aumentó 115,9 por ciento”.

El crecimiento de este canal se da en paralelo a la flexibilización de los mecanismos de importación y al abaratamiento relativo del dólar. En este contexto, las compras individuales desde el exterior ganan participación, desplazando demanda que anteriormente se canalizaba a través del comercio local. El fenómeno tiene implicancias sobre la estructura productiva. La expansión de importaciones de bienes finales, combinada con la caída en insumos y bienes de capital, sugiere una menor actividad en sectores industriales. A

La experiencia de los noventa muestra que este tipo de configuraciones puede sostenerse mientras exista financiamiento disponible y expectativas de estabilidad. Sin embargo, también expone a la economía a cambios en las condiciones externas o en los flujos de capital. En un escenario internacional volátil, la divergencia respecto del resto de los emergentes introduce un elemento adicional de fragilidad.