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¿Quién mira a quién? El voyeurismo como puerta de entrada al libro Al Margen del Amor

En su primer libro, Luján Gonzales recorre cinco historias sobre parafilias y deseos ocultos desde una mirada periodística que observa sin juzgar y deja hablar a sus protagonistas.

31 de agosto, 2026 | 18.11

Luján Gonzalez debió transformarse en voyeurista. En realidad no es tan así, pero es una sensación que queda después de leer las crónicas en primera persona que plasma en su primer libro Al Margen del Amor, donde ella se hace cargo y deduce que su olfato periodístico no sólo encontró una historia que contar, sino que, de alguna u otra forma, se sintió atraída por el aroma del placer oculto de las parafilias.

Una parafilia es un patrón de comportamiento o interés sexual intenso y persistente que se centra en objetos, situaciones, actividades o personas atípicas, que se apartan de las normas sociales habituales. En ese contexto, la autora puso el cuerpo y cuidó el cuerpo; estuvo y observó, registró y entrevistó en un mundo oculto a la vista de todos.

En su libro, Luján recorre cinco historias y se adentra en un universo sexual que acerca al lector a escenas tanto nocturnas como diurnas, protagonizadas por personajes de la vida cotidiana que dejan espacio para explorar sus deseos.

Pero cuidado, el libro no es una recopilación de extravagancias ni una sucesión de detalles sádicos destinados a espantar. Luján utiliza cada palabra para relatar sin juzgar. Se posiciona como una observadora que, a través de la conversación, intenta comprender ese mundo.

Hipnotismo de un flagelo, dulce tan dulce

De esas charlas, se desprende una reflexión, y es que hay placeres que no tienen una explicación más allá de la propia experiencia. Los protagonistas no siempre saben por qué les gusta lo que les gusta, y uno de los logros del libro está justamente en mostrar que pueden vivirlo.

Esto produce un doble efecto en la lectura. Primero, naturaliza a los protagonistas y los vuelve más comunes de lo que uno podría imaginar. Brilla la normalidad. No existen duques sexuales que viven en islas lejanas y sin leyes. Hay, en cambio, personas que trabajan, tienen amigos, toman el colectivo y vuelven a sus casas con sus alegrías y sus penas. Y cuando las puertas se cierran, exploran deseos que difícilmente mostrarían en público.

Ese contraste es quizá uno de los mayores aciertos del libro; aquello que desde afuera puede parecer extraño, cuando se lo escucha en primera persona adquiere otra dimensión. Deja de ser una rareza para convertirse en una parte más de la vida de alguien.

Y ahí aparece la potencia del trabajo periodístico de Luján. No intenta explicar qué está bien o qué está mal, ni convertir a sus protagonistas en personajes extraordinarios. Los deja hablar. Pregunta, escucha y registra. El lector puede sentirse de muchas formas, pero difícilmente pueda mantenerse completamente ajeno. Porque detrás de cada historia no hay solamente una práctica sexual diferente, sino personas que intentan encontrar una manera de vivir sus deseos.

¿Y dónde quedo yo como lector? ¿Yo también soy voyeurista? La pregunta trepa lentamente, como una araña, por los pensamientos cuando, hoja tras hoja, uno necesita saber más, más detalles, más situaciones, más transpiración, más sexo. La camioneta que atraviesa la noche, los aromas corporales, la exposición, el placer llevado al límite son algunas de las experiencias que explora el libro, publicado por la editorial UOiEA!, y que Luján permite conocer con un ritmo hipnótico en su bautismo en el mundo de la literatura.

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