Mientras gran parte de la industria musical concentra su estrategia digital en Instagram y X, Saramalacara decidió correrse del centro algorítmico y volver al origen de las comunidades online: Facebook. La artista anunció la apertura de su canal oficial en la primera red social masiva como punto de partida conceptual de Mataderos, su próximo álbum previsto para 2026, y convirtió esa elección en una toma de posición política frente a la tecnología.
Lejos de tratarse de un gesto nostálgico, la movida funciona como declaración estética e ideológica. En tiempos dominados por la lógica del contenido efímero y la hiperaceleración del scroll, Saramalacara apuesta por recuperar la idea de comunidad, archivo y permanencia que definió a las primeras etapas de internet. El nuevo espacio en Facebook no será solo un canal de difusión, allí compartirá material inédito, pistas narrativas y coordenadas que expanden el universo del disco antes de su lanzamiento.
La estrategia se articula con nuevas piezas audiovisuales que refuerzan su relación performática con la red. En paralelo, publicó un vlog desde Los Ángeles en su canal secundario @saraonline, donde el registro del proceso creativo abandona el formato clásico de “detrás de escena” para convertirse en un ejercicio de cartografía digital. Si en su etapa anterior, Heráldica, trabajaba sobre el estudio de los escudos, ahora el eje parece desplazarse hacia el mapeo, fotos, videos y sonidos organizados a partir de coordenadas reales que los seguidores pueden rastrear y explorar.
El presente musical de Saramalacara
Internet deja de ser una vidriera para transformarse en territorio. Mientras produce en Estados Unidos junto a nombres como Dayvan, Aaron Shadrow y Lucian, la artista construye un puente simbólico entre Los Ángeles y Mataderos. Viaja hacia una de las capitales globales de la industria musical para narrar el origen barrial de su identidad artística y propone un recorrido inverso, desde la meta hacia el punto de partida. La geografía híbrida que emerge, física y digital, anticipa el tono del álbum.
El movimiento también dialoga con el camino que viene trazando desde los primeros adelantos del disco, singles como CREO QUE NOS PODEMOS IR, DESPACIO, Señal De Dios, Esa Hoe y Hasta el cielo funcionan como piezas autónomas, pero integradas a una narrativa mayor que excede lo estrictamente musical. A eso se suma su reciente firma con Interscope Records, que amplía su proyección internacional sin diluir la coherencia conceptual del proyecto.
En ese marco, el regreso a Facebook no es un retroceso tecnológico sino un gesto crítico. Saramalacara parece cuestionar la dependencia de los artistas respecto de los algoritmos dominantes y ensayar otras formas de circulación y encuentro. Su postura política frente a la tecnología no se enuncia en discursos explícitos, sino en decisiones concretas, elegir plataformas, diseñar recorridos, invitar a explorar en lugar de consumir.
